martes, 25 de diciembre de 2018

Autoentrevista con el Autor: Parrafadas (Volumen I)

Portada de librúsculo
Hoy nos hemos peinado y perfumado para atender a una de las jóvenes promesas de las letras patrias. Como no ha tenido a bien venir, nos hemos de conformar con el autor de Parrafadas: Tres Cruces y Nueve Relatos Más (disponible aquí).

A la vejez viruelas. Cuando corona la edad de la respuesta al universo, la vida y todo lo demás, Rafa Vera decide pasar de juntar palabras a juntar párrafos y meterlos con calzador en un librúsculo.

Hemos quedado en la cafetería del Hotel Ritz. Bueno, «habíamos», con la joven promesa. Como no apareció cambiamos al salón de Rafa para realizar la autoentrevista.

viernes, 23 de noviembre de 2018

La Mujer de la Mella


La mujer de la mella ya no sonríe. Hace tiempo dejó de hacerlo por falta de razones; hoy, por avergonzarse de sus dientes.

El chaval del herbolario la toma por antipática y no se esmera en atenderla bien. Frustrada, sale de la tienda con su compra semanal de hierbas. Tal vez comiencen pronto a hacer efecto, eso espera.


jueves, 4 de octubre de 2018

El Viejo Artista Jubilado

Escultura de Bruno Catalano

El viejo artista jubilado regresa a casa. Quiere volver a sus orígenes para regar las raíces que tan alto le hicieron crecer.

No vuelve huyendo, nada más lejos, vuelve buscando. Siente que ha recibido tanto que tanto, o más, está obligado a devolver.

Son de ilusión, de alegría, las lágrimas que le caen hasta la barba blanca. Quiere, pero no puede, recordar la última vez que vio la fortaleza de La Mota. Tan mayestática, tan constante, tan eterna. Recuerda — ¿qué otra cosa le queda por hacer al viejo artista jubilado?— cuando la tierra tapaba la puerta de la iglesia. Cuando las Casas de Cabildo no eran más que un muelle donde representaba obras con sus amigos.

martes, 1 de agosto de 2017

Teatro... ¡Me ato!

A la vejez, viruelas, que dicen por ahí.
Este humilde servidor sufre, desde tiempos inmemoriales, una extraña enfermedad ficticia que le impide hablar en público. ¿La razón? Timidez extrema galopante. Inseguridad no es, cada palabra que he escrito la he escrito con conocimiento de causa, pero jamás he sido capaz de leerla en público. Delegar esa función me ha permitido participar, manquesea en un segundo plano, en cada lectura del ese flamante grupo al que pertenezco.

Las más de las veces el resultado fue satisfactorio, incluso mejorando el original. En alguna que otra ocasión se me quedó el regomello de "esta parte debería de ser con tal entonación" o "el énfasis era en esta frase, no en esa". ¿Qué podía hacer yo? ¿Leerlo? Sería lo lógico, pero ya he comentado lo de mi dolencia y tal.

Un día me envalentoné, efectos secundarios de la medicación, seguramente, y le dije a mi amiguete Nono: "hoygan, ustedes que son gentes del teatro y esas zarandajas, ¿No podría echarme una manica para tratar de conseguir hablar an público?". Ahí quedó la cosa.