lunes, 12 de marzo de 2007

La SGAE vuelve a la carga

Hoy estaba yo feliz y contento tomándome el cafelillo de media-mañana, miro por la barra y sólo está libre el diario El Mundo, como viene siendo habitual (diario al que hay que reconocerle el mérito de incluir nada menos que dos sudokus, uno de cada nivel). Y leo un titular que reza "Los autores piden un canon de 16 euros por impresora y 19 por fax". Una vez recogí del suelo los cataplines, que se me habían caído de la emoción prosigo con la desgraciadamente recursiva noticia.

En ella, nuestro querido Teddy Bautista vuelve a justificar el canon por la "compensación por copia privada en soporte digital". Partiendo de la base de que la copia privada es un DERECHO del consumidor, pagar por un derecho no deja de ser algo peculiar. Vale, en una pensión es lo habitual, el derecho a desayuno son 3 euros más, y la pensión completa 15, pero esto ya pasa de castaño a oscuro.

Entre otras "perlas" filosóficas rescato las siguientes, que entrecomillo y remito al enlace anterior para no tener problemas:

-"No puede defenderse que la reproducción cultural sea libre".
y remata la faena -"De ser así los autores no podrían sobrevivir".

También en la versión completa del artículo resta importancia al cierre de las empresas fabricantes de cd's que había en nuestro país, incidiendo en que si hubiese sido por culpa del canon también habrían cerrado las de Francia. No conozco la legislación al respecto del país vecino, aunque es cuestión de echar un ratico de internet para encontrarla, pero me parece absurda, insultante y ofensiva dicha afirmación. El cierre de dichas empresas se produjo sólo y exclusivamente por la imposibilidad de lidiar con la competencia, ya que al incluir el canon, sólo este tiene un valor superior al del soporte en sí. Sería como si compramos un paquete de folios de 8 euros y tenemos que pagar 10 más de impuestos. Pues no, oiga, prefiero los folios portugueses o sur coreanos.

También hace hincapié en la necesidad de gravar todo tipo de soporte digital susceptible de almacenar contenidos culturales, como por ejemplo las tarjetas de memoria donde se guardan las fotos de la comunión de la prima Ana, el pen drive donde se almacenan las tarifas de la empresa para imprimirlas en casa o la ultima que es gravar la impresora por la que sacamos los chistes que nos envían por correo y los faxes donde recibimos al día decenas de promociones y ofertas no solicitadas. En breve se pagará canon por los monitores, ya que permiten la visualización de las obras.

En breve tendrán un canon de unos 3 céntimos de euros los rabillos de pasa, por que gracias a ellos (o por su culpa, según quien lo mire), recordamos mejor las canciones que oímos, las películas que vemos y los libros que devoramos. Evidentemente toda esa información se almacena en el cerebro, que evidentemente tendrá también su propio canon. Al ser este órgano algo innato en el ser humano (jejeje, bueno vale, en casi todos los seres humanos) y bastante de agradecer para el capricho de seguir con vida, se gravará sólo su primera adquisición así como sus posibles ampliaciones. Con esto tenemos que al salir del parto, y previa comprobación de que el neonato posee dicho órgano gris, la madre tendrá que abonar 58 céntimos (que no sabemos si serán para el fabricante que es ella misma o para compensar el posible uso fraudulento del cerebro que la criatura haga a lo largo de su vida). Cada vez que el niño acuda al colegio deberá abonar en conserjería 2 céntimos en concepto de ampliación de las capacidades del órgano. Obviamente no es lo mismo tener una memoria de 1 Giga a tenerla de 80. Aunque con la ESO esta ampliación es más que cuestionable, se le presupone. Al llegar a la universidad dicha cuota ascenderá a 5 céntimos por día. No hay que olvidar que las charlas en la barra de un bar sobre películas, música y demás tendrá un margen de entre 8 y 12 céntimos, aunque en caso de que el susodicho delincuente consuma alcohol de alta gradación se le descontará el 50% del mismo por pérdida implícita de capacidad cerebral.

Al entrar a un examen, cada alumno deberá presentar fotocopia de la factura de compra de los libros de texto, de no ser así se entiende que su conocimiento proviene de la "reproducción cultural libre", con lo que en caso de aprobar se le multará con 4 céntimos por pregunta contestada.

¿Philip K. Dick se imaginaría un futuro así? ¿Es la Tyrell Corporation, empresa que maneja practicamente todo, sólo una visión dramática del futuro, o es un mero reflejo amplificado? ¿William Gibson tendrá que reescribir toda su obra al ser el porvenir bastante más negro de lo que previó? ¿Es legal que se recuerden estos datos?


En fin, que mientras se debaten estas y otras cuestiones sobre el futuro de la industria discográfica (recordemos a Alaska afirmando que una cosa era la industria discográfica y otra muy distinta los músicos y artistas), intentemos al menos no delinquir procurando olvidar absolutamente todo lo que sepamos, todo aquello que hemos aprendido, toda la cultura que hayamos adquirido a lo largo de los años, demos gracias a la SGAE por esta ley de cabezas secas.

Salud y suerte

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