martes, 31 de julio de 2007

El Puto Tintero

De todos es sabido que el universo, si no infinito, al menos es tremendamente enorme. Hay muchas cosas en esta vida que lo son también en mayor o menor medida: el tiempo que pasa desde que se pregunta “¿Te quieres casar conmigo?” hasta que se obtiene respuesta; el día de antes de las vacaciones; el espacio que separa el salón, a oscuras por la noche, del dormitorio después de ver una peli de miedo; la cola del cine el día del estreno de la película de Los Simpsons; el vaso de cerveza que precede un “me tomo esta y nos vamos”; … Muchas cosas.

Pero sin lugar a dudas, el objeto/concepto/idea/ente/… más grande, profundo y extenso que hay en este mundo es el tintero. El tintero literariamente se refiere al lugar donde habitan las ideas, las historias, las aventuras, los amoríos, las tragedias, … Es el lugar de donde se extrae todo eso para plasmarlo en una hoja en blanco. El tintero es, por tanto, el lugar donde reside todo lo que tenemos que decir, lo que queremos decir, lo que deseamos hacer, las personas a las que queremos contar cosas, con las que queremos vivir experiencias, etc…Como norma general alberga mucho más de lo realmente factibles.

Y por eso las cosas se quedan en el tintero. Tras una noche de charla en el parque, sentados en un banco y disfrutando del agradable fresco de las noches de verano, al llegar a casa siempre caemos en que nos hemos “dejado cosas en el tintero”. Se me olvidó comentarte lo del viaje que podríamos hacer, o la última película que he visto, o el último disco que he escuchado. Por lo general mucho de lo que se queda en el tintero sale a flote en días posteriores, o a largo plazo. Esa asignatura pendiente que teníamos para terminar la carrera, esa rodada en circuito que siempre he querido hacer y nunca me he atrevido, el salto en paracaídas, etc… todo esto reside en ese espacio infinito que es el tintero, que nunca se copa, y al que siempre podemos recurrir en diferentes momentos de nuestra vida y sacar lo que hacía años deberíamos haber sacado aunque por un motivo u otro no lo hemos hecho aún. Siempre se quedan en el tintero, y casi siempre se pueden sacar.

Pensándolo fríamente, si hemos sobrevivido 30 años sin tirarnos en paracaídas, dejar el salto en el tintero no puede ser tan malo, es decir, no es vital. Aunque agradable es una cosa perfectamente prescindible. El problema viene cuando lo que se queda en el tintero no es un viaje ni un “te quiero” ni una conversación. Lo realmente trágico es cuando lo que se queda en el tintero son los últimos 20 años de una vida.

¿Qué se puede hacer ante eso? Lamentablemente todos conocemos la respuesta: nada. ¿Cómo sacar del tintero el ver crecer a los hijos, casarse, etc…? ¿Cómo recuperar de ese recipiente infinito el envejecer junto a la pareja? ¿De qué manera se puede dejar de experimentar el ser abuelo?

Nadie está acostumbrado, y mucho menos hecho, al triste deporte de despedirse antes de la cuenta. Dentro del colectivo de moteros (como de tantos otros, aunque en este es en el que me incluyo) siempre está ese pellizco que tenemos de cuántos volverán de la ruta, cuántos volverá de Jerez, cuántos de Pingüinos, … Tampoco esto justifica nada, pero al menos existiendo ese peligro latente de salirse en cualquier curva, de encontrar gravilla, de salirse despacio y sin consecuencias pero encontrarse con un guardarrail en el camino, cuando sucede lo que nadie quiere que suceda es igual de dramático que en cualquier otra circunstancia, aunque al menos se tiene ese mil veces negado conocimiento de que en la carretera puede pasar de todo.

Lo más dramático de esta historia es cuando la despedida llega sin venir a cuento. Un buen día te levantas por la mañana, y por la tarde te dicen que tienes 3 meses para concentrar los próximos 20 años de tu vida. Ya no habrá más inviernos, ni más vueltas al cole, ni más cenas familiares de navidad, ni más nada de nada. Ahí se acaba todo, una vida con fecha de caducidad, y otra media vida que se quedará ya para siempre en el tintero.

Decían los clásicos que la inmortalidad reside en ser recordado por todos tras la muerte. Sinceramente opino que se pueden meter la inmortalidad donde les quepa, yo lo que quiero es estar aquí, y que los míos estén aquí, evidentemente todos queremos ser recordados, aunque mejor sería no tener que serlo nunca por estar presente. Acabar un viaje al llegar al destino es algo si no hermoso y natural, al menos de ley, pero acabar el viaje a medio camino…

¿Dónde van todos esos tinteros repletos de vida? ¿Qué será de los tinteros que de repente se han llenado por faltar el destinatario del mensaje? Por que los tinteros son como pasadizos llenos de salas donde cada uno dispone de la suya propia pero ha de pasar por decenas o cientos de tinteros para hacerlo. En todos y cada uno quedará a perpetuidad un poso de cosas que jamás se podrán hacer. Quedará una silla vacía en cada reunión, un hueco en cada foto, un hombro de menos en cada llanto.

Todo esto, lo que se pierde, lo que no se podrá hacer nunca más, todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas... en el puto tintero.

lunes, 30 de julio de 2007

El coche nuevo del panadero

Ya pensaba uno que estas cosas no pasaban. El agradecimiento, el reconocimiento por el esfuerzo a lo largo de los años, la manera de simbólicamente pagar a un padre por todo lo que cuesta sacar adelante a 3 hijos y encima con carrera, etc... Que de desagradecidos está el infierno lleno todos lo sabíamos, pero que quedaba gente sinceramente agradecida es algo que no se encuentra uno a diario.

Héteme aquí que estaba yo esta mañana (me acabo de dar cuenta que casi todas mis entradas comienzan igual, se me está pegando la costumbre vasca de comenzar las historias con un "Estábamos cenando unos colegas cuando...) tomándome el café de las 10 cuando entra puntual como siempre al bar el panadero con sus barras, bollos y roscas para las tapas del día. Normalmente suelo llegar yo de los primeros, y acto seguido el repartidor y el panadero, la de la autoescuela y el médico que también suele acudir puntuales.

A lo que iba, que conforme entra el panadero dice el del bar: "cacho mamón, qué nochecica me hiciste pasar de llantos" a lo que su señora añadió: "eso ya lo sabía yo, en cuanto llamaste por teléfono me dije... este termina llorando hoy como un niño". Con lágrimas en los ojos, camarero y panadero, comenzaron a hablar de coches, de hijas, etc... Yo en principio me temía lo peor, aunque al escuchar aquello de "más vale llorar por eso , ahí me las den todas" me quedé completamente descolocado.

Ante mi cara de estupefacción me comenta la mujer del camarero de qué iba el tema. Resulta que este panadero, que lleva desde los 10 años metido en el horno de las 4 de la mañana, repartiendo durante todo el día y durmiendo a media tarde, tiene 3 hijas: una acaba de terminar medicina, la otra ingeniería aeronáutica y la tercera no recuerdo el qué. Estas 3 hijas agradecidas no han tenido otra forma de demostrarle su agradecimiento más profundo regalándole por sorpresa un coche.

Pero no uno cualquiera, un pedazo de mercedes con todos los extras habidos y por haber, que le pegas una voz al GPS y te lleva a casita, con ... bueno, con ese chorro de siglas sin sentido que pueblan los catálogos de los coches de lujo, con unos acabados... unos detalles... un... mercedes.

Y eso era lo que pasaba. Una mezcla de orgullo, emoción, agradecimiento. La cosa se mantuvo en el más absoluto de los silencios, llevando al engañado padre a donde estaba el coche con absurdos pretextos, ,y finalizando con la retirada de la funda que escondía el regalo. Ante semejante detalle el padre más que orgulloso llamó a todos sus amigos, no para restregarles que tenía un mercedes de gama alta, sino para contarles el detallazo que las niñas habían tenido con el. Cómo con el primer sueldo en lugar de pegarse una noche toledana con los colegas o comprarse el capricho ese con el que llevarían soñando años, lo que hicieron fue devolver simbólicamente toda la inversión de tiempo, dinero y cariño recibida durante estos años y que las llevó a ser tres pedazo de licenciadas.Y para que no vamos a engañar, yo también me he emocionado. Mientras la del bar me lo contaba el panadero me miraba con los ojos humedecidos. Si ha contado la historia veinte veces, veinte veces que ha llorado.

Puede parecer una gilipollez. Pero caramba, estamos a lunes, nada más llegar a mi tienda tenía a tres clientes esperándome ordenador en mano para que los reparara, y la verdad es que el café de esta mañana me ha animado mucho más que cualquier otro, y no precisamente por la cafeína.

Así que seamos agradecidos, que lo que a lo mejor pensamos que es sólo un detalle (o un detallazo de la leche) puede ser muchísimo más. Juraría que si en lugar del mercedes le hubieran regalado un R5 de 4ª mano estaría exactamente igual de emocionado.

Salud y suerte.