lunes, 30 de julio de 2007

El coche nuevo del panadero

Ya pensaba uno que estas cosas no pasaban. El agradecimiento, el reconocimiento por el esfuerzo a lo largo de los años, la manera de simbólicamente pagar a un padre por todo lo que cuesta sacar adelante a 3 hijos y encima con carrera, etc... Que de desagradecidos está el infierno lleno todos lo sabíamos, pero que quedaba gente sinceramente agradecida es algo que no se encuentra uno a diario.

Héteme aquí que estaba yo esta mañana (me acabo de dar cuenta que casi todas mis entradas comienzan igual, se me está pegando la costumbre vasca de comenzar las historias con un "Estábamos cenando unos colegas cuando...) tomándome el café de las 10 cuando entra puntual como siempre al bar el panadero con sus barras, bollos y roscas para las tapas del día. Normalmente suelo llegar yo de los primeros, y acto seguido el repartidor y el panadero, la de la autoescuela y el médico que también suele acudir puntuales.

A lo que iba, que conforme entra el panadero dice el del bar: "cacho mamón, qué nochecica me hiciste pasar de llantos" a lo que su señora añadió: "eso ya lo sabía yo, en cuanto llamaste por teléfono me dije... este termina llorando hoy como un niño". Con lágrimas en los ojos, camarero y panadero, comenzaron a hablar de coches, de hijas, etc... Yo en principio me temía lo peor, aunque al escuchar aquello de "más vale llorar por eso , ahí me las den todas" me quedé completamente descolocado.

Ante mi cara de estupefacción me comenta la mujer del camarero de qué iba el tema. Resulta que este panadero, que lleva desde los 10 años metido en el horno de las 4 de la mañana, repartiendo durante todo el día y durmiendo a media tarde, tiene 3 hijas: una acaba de terminar medicina, la otra ingeniería aeronáutica y la tercera no recuerdo el qué. Estas 3 hijas agradecidas no han tenido otra forma de demostrarle su agradecimiento más profundo regalándole por sorpresa un coche.

Pero no uno cualquiera, un pedazo de mercedes con todos los extras habidos y por haber, que le pegas una voz al GPS y te lleva a casita, con ... bueno, con ese chorro de siglas sin sentido que pueblan los catálogos de los coches de lujo, con unos acabados... unos detalles... un... mercedes.

Y eso era lo que pasaba. Una mezcla de orgullo, emoción, agradecimiento. La cosa se mantuvo en el más absoluto de los silencios, llevando al engañado padre a donde estaba el coche con absurdos pretextos, ,y finalizando con la retirada de la funda que escondía el regalo. Ante semejante detalle el padre más que orgulloso llamó a todos sus amigos, no para restregarles que tenía un mercedes de gama alta, sino para contarles el detallazo que las niñas habían tenido con el. Cómo con el primer sueldo en lugar de pegarse una noche toledana con los colegas o comprarse el capricho ese con el que llevarían soñando años, lo que hicieron fue devolver simbólicamente toda la inversión de tiempo, dinero y cariño recibida durante estos años y que las llevó a ser tres pedazo de licenciadas.Y para que no vamos a engañar, yo también me he emocionado. Mientras la del bar me lo contaba el panadero me miraba con los ojos humedecidos. Si ha contado la historia veinte veces, veinte veces que ha llorado.

Puede parecer una gilipollez. Pero caramba, estamos a lunes, nada más llegar a mi tienda tenía a tres clientes esperándome ordenador en mano para que los reparara, y la verdad es que el café de esta mañana me ha animado mucho más que cualquier otro, y no precisamente por la cafeína.

Así que seamos agradecidos, que lo que a lo mejor pensamos que es sólo un detalle (o un detallazo de la leche) puede ser muchísimo más. Juraría que si en lugar del mercedes le hubieran regalado un R5 de 4ª mano estaría exactamente igual de emocionado.

Salud y suerte.

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