martes, 18 de marzo de 2008

La invasión de los cerebros

Madre mía qué semana más larga me espera, menos mal que acaba mañana. Estoy siendo víctima y daño colateral a la vez de una de las cosas más terribles que hay, la más peligrosa de todas, la invasión de los cerebros ... del primo de Barcelona.

De mis queridas tierras de Andalucía tuvo que emigrar mucha gente, buscarse la vida en el norte eligiendo Cataluña como el destino más habitual. Y eso está bien, por que la vida hay que buscarla donde sea. Pero eso engendró dos tipos de monstruos: los que al segundo día de estancia no recordaban ni cómo se llamaba su padre, y evidentemente cambiaron tanto de acento como de camisa (afortunadamente fueron los menos); y los hijos de estos, que no tienen culpa de nada, pero que los traen como si fueran a ver un safari en lo más profundo de África.

Y así llevo toda la semana (ayer y hoy, pero se me hace eterno), me duele la cabeza del susurro de las sibilantes eses catalanas, entran en mi tienda (que al ser Beep pues les es más familiar) y preguntan con cuidado y explicándose bien, ya que saben de sobra que aquí sólo tenemos el ordenador del alcalde y poco más. Y encima no dejan de decir la puñetera coletilla de "... pues en Barcelona lo hacemos así".

No se me tache de racista ni mucho menos, que nada tengo en contra de los catalanes (bueno si, pero es que me duelen los oídos con ese acento, me pasa como con los gallegos que me ponen nervioso al ver que no van a parar a ningún lado y encima despacito), pero no deja de ser curioso que gente que viene a lo mejor cada dos semanas a verme para alguna consulta, unos cedes, o algún cartucho, entre con el pecho hinchado como un palomo y la cabeza alzada diciendo: "dame un nosequé, que me lo va a montar mi primo, que como es de Barcelona de eso sabe un huevo". Caramba, me he vuelto gilipollas en sólo un fin de semana.

Aunque como el mundo es redondo, el mundo gira, y como cada verano, cada navidad (aunque en navidad menos) y cada semana santa, a los diez días tengo "overbuquin"en el taller, y ahí se deshinchan los pechos y se agachan las cabezas: "la mierda de mi primo, que se cree un listillo y mira la que me ha liado en el portátil".

¿Y qué es lo que hace uno en esos casos? Pues callarse, sabiendo que aunque me harte de explicarles y contarles cosas, el año que viene volverá a pasar lo mismo y al otro y al otro.

¿Es una maldición que tenemos los del sur el pensar que todo lo que viene de fuera es siempre mejor? Ahí queda el pensamiento del día.

Salud y suerte

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