miércoles, 15 de octubre de 2008

Pa mear y no echar ni gota

Me regañaba Mariquilla el otro día por que dice que estoy siempre de mala leche o al menos eso es lo que se deduce leyendo mi blog, y la verdad es que no está muy lejos de la realidad.

Pero es que hay cosas que claman al cielo.

Portátil vendido hace apenas tres días, viene el padre a traerlo. Evidentemente no lo va a traer la hija, que es la que sabe lo que tiene, no, tiene que ser el padre, y como todo el mundo sabe cuanto más alto se grite más rápido se arreglan las cosas. La explicación viene a ser algo como... "Esto esta... que ni p'acá ni p'allá... una mielllllda.... y eso que te lo he pagado en efectivo" (lo del pago es lo que mejor vocalizó, que joio el gañán).

El tema es que meto el equipo en el taller para mirarlo al día siguiente. Pensaba para mis adentros "ya es mala suerte que equipo que no reviso antes de entregarlo equipo que falla", pero este tenía pinta de bueno. Total, que lo arranco y me pide clave. Ya la hemos cagado.

Evidentemente el padre no sabe nada de claves, y la niña vete tu a saber donde está: que si en clase, que si con las amigas, que si estudia fuera, etc... Así que echo mano de mis dotes de ingeniería social para deducirla (es que como le hagas caso al Vista a la hora de poner las pistas para la clave la has cagado) y sin más ayuda que la media neurona que uso por las tardes la saco y entro en el equipo.

Antes de terminar de cargar los iconos del escritorio se congela. No hay forma de echarlo a andar. Mmmmmm extraño.... Reinicio en modo seguro y miro el inicio del sistema. El antivirus que traía (una prueba de 30 días) era bueno, pero el que le había instalado elprimoquesabedeinfommáticamásquetóporquetienehastaintennéensucasa se ve que le gustaba más.

Para el que no lo sepa eso de poner dos antivirus es como si en la puerta de tu casa pones dos tigres hambrientos para que la defiendan, que segura es sin duda alguna, pero es que no puedes entrar ni tu.

Así que desinstalo el segundo antivirus (evidentemente piratilla) y todo va a las mil maravillas.

Has aquí todo correcto. Mientras guardo el portátil pienso en no cobrarle, que debería, pero apenas tiene unos días y es la primera vez que lo trae, así que por mera cortesía decido no hacerlo.

Entra el hermano de la dueña, pregunta por el y se lo doy. Le explico: Lo que le pasaba es que le habéis instalado un segundo antivirus, y así no puede funcionar nunca. Le he dejado el que traía de fábrica aunque si prefieres puedes desinstalarlo y poner el que más te guste. Es fallo vuestro, no del equipo, pero como ha sido poca cosa y es la primera vez que lo traéis pues no os voy a cobrar los 26'80 que sería la reparación.

La última parte la pongo en azul clarito, como el viento, que es donde se fueron mis palabras ya que antes de decirlas el puñetero cogió el equipo y salió por patas, sin un "gracias" ni mucho menos un "¿se debe algo?".

Resumiendo he perdido casi media hora entre unas cosas y otras, aunque la reparación fuera poquita cosa ha pasado de no poder disfrutar del ordenador a hacerlo, no he ganado un duro y encima tengo un cliente cabreado por que le ha fallado el equipo recién comprado. Lo peor es que no es consciente de que el fallo ha sido suyo, y me juego el pescuezo a que volverá a traerlo en breve con algún otro "error grave de usuario".

Vale que nadie nace sabido, pero al menos espérate que te explique lo que ha pasado para que no vuelva a suceder.

¿Es o no es para estar de mala leche?

2 comentarios:

Mariquilla Sinembargo dijo...

Pues sí. La verdad es que sí. Y en realidad te pasa como a Pérez Reverte, que escribes (aún) mejor cuando estás enfadao ;-)

Pantufle dijo...

Desde luego que es para estar enfadado, o mejor dicho, para cabrearte, pero sin dejar que te influya demasiano o estás perdido... :)