lunes, 20 de abril de 2009

Historia de una Mesa

Jacinto vivía feliz y contento en su pequeño taller de carpintería. Corría el año 2000 y entre el euro, el efecto 2000 y demás zarandajas, se había especializado en mesas para ordenador, que cada vez eran más y más.

Las hacía de todos los tamaños y formas: para oficinas, para academias, para el cuarto del niño, etc... Era el mayor especialista en la materia ya que el resto de carpinterías continuaba haciendo mesas normales, sillas normales y puertas normales.

Tan bien le iba que montó su carpintería en un loft de Nueva York, cosa que deseaba hacer de tanto verlo en las películas. Un helicóptero militar se encargaba de recoger y entregar los materiales y las mesas terminadas. Al fin y al cabo era el único carpintero exclusivo de mesas de ordenador, nadie las conocía como él ni por supuesto las fabricaba de tanta calidad.

El resto del gremio lo miraba con una mezcla entre envidia y asco. Un buen carpintero debe de tener su taller cerca de los clientes y los materiales, debe trabajar a la vista de todos y no como lo hacía Jacinto.

Pero la tecnología que tan a su servicio estaba decidió darle un toque de atención. Proliferó el uso de ordenadores portátiles, superando por primera vez el de sobremesas, así que la gente no necesitaba mesas para el ordenador, sino que se iban al salón o a la calle directamente. Jacinto no le echó cuentas, sabía que las oficinas seguirían con sus torres y monitores y necesitarían una buena mesa donde ubicarlos.

Entonces las empresas cambiaron. Ahora los comerciales iban con PDA's y teléfonos Blackberry, los contables usaban portátiles para poder llevarse el trabajo a casa, y en las oficinas sólo estaba el sobremesa de la secretaria y poco más.

A Jacinto le empezaron a ir las cosas realmente mal. Ni las oficinas le hacían ya pedidos. Vendió su loft, el helicóptero y volvió a su pueblo natal con el rabo entre las piernas. Pero no se rendía.

Los compañeros le decían "Jacinto, deja de hacer mesas para ordenador, recíclate y empieza a hacer puertas y sillas como todos nosotros". Pero no, Jacinto que era el número uno en la fabricación de mesas para ordenador no podía "rebajarse" a trabajar como cualquier otro carpinterucho de tres al cuarto.

Ya en el año 2010 desaparecieron los ordenadores de sobremesa. En las casas cada uno tenía su portátil y un ordenador pequeño junto a la tele para ver las películas. Las oficinas completamente inalámbricas no precisaban de servicios centralizados en una gran torre, sino que lo hacían todo a través de un servidor ubicado en un armario rack.

Pero Jacinto seguía siendo el mejor de un negocio extinto. No podía ser, tenía que recuperar su loft y su helicóptero. Habló con el presidente del gobierno, con los ministros, se las ingenió para llegar a formar parte del mismo y conseguir su cartera.

Entonces, junto con el ministro de economía y el de industria creó un gravamen para los equipos portátiles. Al salir de la fábrica los teléfonos, ordenadores portátiles, reproductores de música y vídeo portátiles y cualquier sistema inalámbrico o con batería verían incrementado su precio en dos mil quinientos euros (cifra simbólica según él, unos centimillos) en concepto de "multiubicación relativa y ocupación de espacios diversos".

Las pocas empresas que no cerraron, tuvieron que desempolvar sus viejos ordenadores de sobremesa, en las casas sucedió lo mismo, hubo que hacer un hueco en la habitación del niño para colocar un armatoste de mesa con el ordenador. Ya no podían trabajar los comerciales fueran, tenían que volver dos veces al día a la empresa para actualizar los datos, los almacenes tuvieron que contratar al doble de trabajadores por que no podían actualizar el inventario in-situ, sino que alguien debería de personarse en las oficinas para hacerlo allí, así que los que no pudieron asumir ese gasto cerraron. En las casas no podían irse al salón los niños a hacer los deberes, de manera que se encerraron en sus dormitorios y ser perdió toda comunicación familiar.

Empezaron a formarse guetos en las propias casas, la niña quería estar con el tuenti todo el día, pero sólo había un ordenador, de sobremesa y encima en el cuarto del hermano, así que se fue de casa. Hubo que tirar tabiques para adaptarse a la nueva situación.

Además de no hablar en la familia por que cada uno estaba en su habitación con su ordenador, la gente empezó a engordar. No podía salir a correr por que no podían comprarse un MP3 y se aburrían, tampoco podían salir al parque a leer el correo ni hacer viajes largos por que los niños sin películas se volvían insoportables.

En el año 2015 las ciudades eran como colmenas de zombies. La gente que estaba en la calle y pensaba en quedar con los amigos tenían que volver a sus casas a llamar desde el fijo, y una vez allí les daba pereza volver a salir. Los pocos que tenían un ordenador portátil ocultaban su situación por los muchos casos de linchamientos que se habían dado.

Pero no todo era tan negro. Jacinto pudo por fin volver a Nueva York a su loft, la ingente cantidad de pedidos de mesas para ordenador lo había vuelto a poner en la cresta de la ola.

Una vez allí fue a su tienda de informática favorita para comprar cd's, ya que había aumentado su facturación también debía de hacer más copias de seguridad y mucho más grandes. Aquello había cambiado mucho, donde estaban antes los discos había patatas, tomates y berenjenas, donde solían estar los ordenadores en exposición había calzoncillos, calcetines y camisetas. En la zona del taller no se veía lo que había, sólo que salían gemidos y se veía el reflejo de una luz roja. Se acercó a preguntarle al dueño:

Jacinto: ¿Qué ha pasado aquí?
Dueño: Con el nuevo impuesto ya nadie compra portátiles, y tampoco quieren tener cinco sobremesas en sus casas ocupando cinco espacios enormes. He tenido que adaptar el negocio como buenamente he podido. Ahora es frutería-drogería-perfumería-corsetería-burdel y apenas si puedo ir tirando.

Jacinto se quedó perplejo, casi asustado. Finalmente le dijo al tendero "pues muy bien que haces, en los tiempos que corren: renovarse o morir. Mírame a mi, me especialicé en mesas para ordenador y me va de lujo, si me hubiera quedado de carpintero corriente no hubiera salido de mi pueblo".


Y aquí termina la fábula de Jacinto el carpintero, de como resurgió de las cenizas (de las cenizas de otros, claro) y pudo mantener a flote su negocio y nivel de vida.

Todo lo que han leído es producto de mi mente enferma, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ¿o no?

Salud y suerte

3 comentarios:

r0c10 dijo...

Madre mía, menudo efecto mariposa!!! Como la vida misma, vaya!!!

Ángel Raúl dijo...

VIVA LA NUEVA MINISTRA DE CULTURA!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El_Rafa dijo...

¿Ministra de cultura? Yo no he dicho nada de ninguna menestra. Cualquier parecido con la realidad es pura... en fin.