martes, 12 de mayo de 2009

Sólo una Historia

"El caballero abandonó el campo de batalla una vez finalizada la contienda. Gustosamente se hubiera ido antes, pero ya se sabe, en la guerra hay que quedar bien. Al llegar al castillo algo le impidió entrar por el portón. Bajó la cabeza para ver asombrado como aún tenía una lanza que le atravesaba la rodilla, y al otro extremo de la lanza la mano de un enemigo hasta mitad del brazo. Es lo que tiene la guerra, que tantas ganas hay de irse que te llevas cualquier cosa.

Tendido en la cama, el caballero recibió la visita del mago del reino. El anciano con su larga cabellera blanca le dijo que no era nada. "Total, así cuando te haga falta una lanza la tienes a mano". Lamentablemente el caballero tenía serias dificultades al convivir con tamaño objeto enganchado a su rodilla. Al entrar a la cantina tiraba todos los vasos de la mesa de al lado, no podía sentarse en una piedra en el campo por que a los pocos segundos los pájaros usaban el palo como nido y luego olía.

Así que el mago del reino le dijo que visitara a un curandero de tierras lejanas en pos de una respuesta a sus súplicas. El nuevo curandero se veía un sabio extremadamente sabio, ya que sin siquiera mirarle a la cara le dijo que lo que le pasaba era un simple problema de convivencia, debería aprender a pasar sus días con ese trozo de madera en la pierna, que seguramente se acostumbraría a él y luego le sería imposible imaginarse una existencia sin tal apéndice.

De cualquier manera, el curandero lo remitió a su reino de procedencia, donde otro curandero experto podría concretarle un poco más. Y así lo hizo. El caballero limpió los restos de pájaro de su lanza y montó con cuidado en el caballo tuerto para volver a su castillo. El caballo estaba tuerto por que siempre le daba en el ojo con la lanza al subirse.

Una vez en su castillo vio al curandero, que resultó ser el de tierras lejanas, y este se alegró tanto de verlo que le dijo que se fuera a su casa y que lo dejara en paz. El palo era suyo, la pierna también, ¿Qué pintaba el curandero en todo esto?

Así que el caballero salió cabizbajo de la cueva del curandero. No quería pasar el resto de sus días con una lanza en la pierna, quería volver a montar a caballo sin lesionarlo, volver a entrar en una cantina sin tirar todo por los suelos, poder darse la vuelta en la cama sin descorrer accidentalmente la mosquitera, etc...

En su desesperación, volvió a visitar al gran mago del reino pensando que si podía cambiar su perspectiva del asunto tal vez encontrara una solución, pero poco más pudo decirle el canoso anciano.

¿Tal vez debería ir a un maestro armero a decirle que tenía una lanza con una rodilla dentro? ¿Tal vez el carnicero sabría como sacarla?"





Y aquí termina el relato chorra de hoy. ¿Qué sentido tiene? Pues que cuatro veces que he ido a ver a mi médico de cabecera me he encontrado con que no estaba y otro lo sustituía, y hartico que estoy de contar la misma historia una y otra vez... ¿Por qué no adornarla?

PD: Este último al igual que los otros me recetó antiinflamatorios. ¿Lo que no funciona en dos años lo hará al tercero? Por constancia que no se diga.

Salud (¿?) y suerte

4 comentarios:

r0c10 dijo...

¿Y si el muy valeroso (y no menos guapo) caballero le mete el palo por el culo al curandero? Igual cuándo le duela a él comienza a verlo como un problema o,....¿podrá curar eso también con anti-inflamatorios?

El_Rafa dijo...

No mujer, eso no está bien...pero me gusta tu forma de pensar ;-)

Ángel Raúl dijo...

joder...por lo menos ese te ha recetado antinflamatorios. House diría: aumentadle la dosis de xlsuwenaoefina por si es la enfermedad de wesgesteigen...

Rocío dijo...

Ayyy, que punto tienes...