jueves, 11 de junio de 2009

¿Tanto trabajo para nada?

No hay cosa peor en esta vida que esforzarse en algo y no conseguirlo. Uno se frustra, se deprime, no ve todo negro... una mierda, vamos.

Hay muchos motivos para la no consecución de un objetivo.

Puede ser simplemente que no se llegue por que no se llegue, igual que no puedo yo ganarle a Pau Gasol tirando triples, por ejemplo. Ahí ya puedes entrenar o simplemente sopesar en qué grado te es imprescindible alcanzar dicho objetivo.

También puede ser que no se consiga por terceros, cuestiones ajenas, en ese caso o bien que rueden cabezas o simplemente volver a intentarlo.

O lo peor de todo, no conseguirlo tras mucho esfuerzo por una simple cuestión de ignorancia.

Pero para eso está la cabezonería humana. Esa "virtud" que nos hace tirar un tabique con la fuerza de nuestro cráneo, aunque haya una puerta al lado o simplemente no exista tabique.

Recibo una llamada telefónica, un cliente con problemas para cambiar un cartucho de la impresora. Le digo que me la traiga y la trae.

Una vez abierta la tapa de la impresora para acceder a los cartuchos me encuentro que ambos (uno de negro y el otro de colorines) son el cartucho negro.

Yo: Caramba, ¿Cómo te las has apañado para meter dos cartuchos de negro?
Cliente: Es que sólo imprimimos en negro, así dura más.
Yo: Pero hombre, si es que encima el de negro y el de color son de distinto tamaño, aparte de que evidentemente no puedes engañar así a la impresora. Ahora a ver si puedo sacarlo sin tener que desmontarla.
Cliente: ¿No jodas que no sirve con dos de negro? ¿Tanto trabajo para nada?
Yo: ¿Qué trabajo?
Cliente: ¿Tu sabes lo que me ha costado meter el cartucho? He tenido que darle hasta con el mango de los alicates.


Efectivamente veo que el cartucho tiene rayones de haberlo empujado con un destornillador, está pinzado por unos alicates, etc...

¿Se puede ser más borrico? Si ves que no entra... ¿Para qué sigues? Y encima con cara de alicaído, claro, después del esfuerzo que le supuso meter un elefante en un seiscientos ahora voy yo y le digo que los elefantes no tienen carnet de conducir.

Finalmente pude extraer el cartucho y poner uno nuevo y correcto en su sitio, todo sin problemas y con la impresora funcionando. Nada para lo que podía haber pasado. Pagado y agradecido se fue el cliente musitando "es que a veces soy un poco borrico". Pozí, Amparo, pozí.

Y es que hay dos tipos de personas: los que siguen la norma de "cada cosa en su sitio y si no entra es que no es su sitio" y los que siguen la de "con paciencia y con saliva, se la metió el elefante a la hormiga".

¿De qué tipo eres tu?

Salud y suerte

No hay comentarios: