miércoles, 15 de julio de 2009

El Teorema del Yunque


Últimamente he recurrido mucho a la metáfora del yunque. Dicha metáfora fue la siguiente fase de crecimiento del chiste del yunque. Y ya por fin, tras años de depuración, ha pasado a ser el teorema del yunque.

El chiste original era tan malo que te detenían los grises si lo contabas en voz alta. Básicamente eran dos señores huyendo de un león en mitad de la selva, uno de ellos con un yunque. El otro le pregunta -¿Para qué llevas un yunque,si con lo que pesa no puede correr apenas?- -Pues por eso, por que así cuando lo suelte correré mucho más-

(Desde aquí mis más sinceras disculpas a todos los lectores por haberlo incluido, pero era un mal necesario para proseguir hacia el teorema).

Al menos el concepto queda claro. Deshacerse de una carga es en ocasiones mejor que no haberla tenido nunca.

Me he dado cuenta de que eso se aplica muchísimo en la vida real y merecía ser tratado para que quede constancia de eso.

Por ejemplo, yo me podía haber ido a vivir con mi señora por las buenas, pero ¿Qué mérito tiene eso? Un buen día al despedirnos en lugar de tirar cada uno para un sitio tiramos para el mismo, y así sucesivamente.

No señor, se monta una boda en condiciones, con sus gambas, sus vinicos, sus corbatas en la frente, su Paquito el Chocolatero y así al llegar esa noche a la casa común tras cuarentaycincomil horas de boda dice uno "cojones que agustico se está en casa". Mucho mejor, dónde vamos a parar.

También se aplica el teoremos en estas noches de verano. "Si vas a salir ponte una rebequilla que luego refresca" dicen, "así si ves que hace calor te la quitas y más fresquito estás".

Lógica en estado puro. Siempre me quejo de que odio el calor, no te puedes quitar nada. En invierno si hace frio pues dos mangas, si hace más frio pues tres, pero en verano... Ahí reside la verdad del teorema del yunque: pásalas putas para que cuando llegues a un estado normal pienses que estás en la puñetera gloria.

Y así se puede aplicar a miles de situaciones más.

Un amiguete mío no le gustaba mucho el güisqui, pero si el sabor que le daba a la cocacola. Así que se pedía su pelotazo y se lo bebía con menos de medio botellín de refresco. Cuando estaba por terminar vertía el resto y decía "coño, así si está rico esto". ¿Podía pedírselo menos cargado? Evidentemente, pero entonces no estaría tan rico como después de haberlas pasado putas con el combinado.

También pasa lo mismo con los coches o las motos. Si uno está a punto de cambiar de vehículo apura los últimos días el viejo, pero apurado cual gillete, haciéndo más kilómetros la última semana que en los dos últimos años.

¿A alguien se le ocurren más aplicaciones de este Teorema del Yunque?

Pues ala, a contarlas que para eso estamos. (Espero que pasen rápido estas calores, que ya desfasa el blog demasiado).

Salud y suerte.

2 comentarios:

Pantufle dijo...

A mí se me ocurren unas cuantas... aunque no soy capaz por ahora de encontrar un símil... ya se me ocurrirá... :D

Pantufle dijo...

Símiles no, pero redundancias... válgame... jajajaja