jueves, 30 de julio de 2009

Haz lo que yo diga pero no lo que yo haga

Si es que no puede ser. Mira que uno es bueno e intenta comportarse como está mandado, pero siempre queda algún resquicio por ahí.

Anoche me dejaron una furgoneta fea de grande. No recuerdo el modelo (de furgonetas y de capar ranas entiendo lo mismo) pero cabían lo menos diecisiete mil campos de fútbol con sus gradas y todo. ¿El motivo? La mudanza. Poca pensaba que era y cómoda: ropa, libros, discos... Pero héteme ahí que faltaba por llevarse un par de estanterías y una mesa vieja de despacho.

Así que cojo la furgoneta, la aparco frente a la casa y comenzamos a bajar bártulos. Viendo la dificultad de cruzar una calle de dos carriles en la misma dirección más que concurrida a eso de las nueve de la noche cargando con el aparataje decido acercar la furgoneta y subirla a la acera.

Seguramente no conozcáis el entorno donde se desarrolla esta historia. Por un lado tenemos una acera grande, grande, grande, donde cabe la furgoneta sin estorbar y todavía puede pasar la selección Coreana de sumo. Por el otro tenemos un cruce donde puedes seguir recto dirección Llanillo o bien girar a la izquierda dirección Avda Andalucía. Calles muy populosas y casi imprescindibles para ir de una parte a otra del pueblo.

El primer viaje transcurre sin problemas. Al sacar la fregoneta veo a un municipal que viene de frente con la moto. Se queda mirando y le hago señas de que me voy. No problemo.

El segundo viaje es distinto. Dejo el vehículo directamente en la acera (para no tener que cruzar cargado ni atravesar los dos carriles pasando fatigas) y bajo un sólo bulto. Cuando llego tres municipales me custodian la furgoneta.

"¡Qué majos!" Pienso yo, pero nada más lejos de la realidad. Libreta en mano están a punto de multarme.

Tres municipales había: uno que iba un poco a su bola esperando a los otros, uno mayor al que conozco bien y uno joven que sólo conozco de vista.

Mayor: Pero hombre, Rafa, ¿Cómo me plantas este armatoste aquí en medio?
Joven: Es que si todos hiciéramos lo que nos da la gana, imagínese usted cómo estaría el pueblo.
Yo: Ya, pero es sólo para bajar un bulto, aquí no estorba y hay sitio de sobra.
Mayor: Para eso la aparcas en condiciones, bajas los bultos y justo cuando vayas a subirlos te paras un poco en doble fila.
Joven: Es que si todos hiciéramos lo que nos da la gana, imagínese usted cómo estaría el pueblo.
Yo: Eso si, pero pensé que aquí estorbaba menos que en doble fila.
Mayor: Venga, tira ya. Pero que estas no son maneras. Por aquí tiene que pasar gente.
Joven: Es que si todos hiciéramos lo que nos da la gana, imagínese usted cómo estaría el pueblo.
Yo: Y la gente pasa. Con el follón de coches que hay pensé que en doble fila estorbaría más.
Mayor: Venga, vete ya antes de que... vete, anda.
conozco

El joven supongo que estaría recitando de memoria el manual del perfecto municipal.

El coche patrulla en doble fila con don ruedas en la acera y yo detrás. Arranco y me espero que ellos se sienten y salgan para ir yo detrás. Con cuidado y sudando a chorros por que entre el calor, la furgoneta que no estoy habituado a conducir y la cantidad de tráfico la salida era complicada.

Veo que la autoridad está en mis mismas circunstancias. Pero ni cortos ni perezosos no dudan en poner la sirena, salir sin esperar a que se paren los coches que venían detrás y hacer una gran pirula tomando el cruce a toro pasado.

Con dos cojones.

Entonces pensé: "Es que si todos hiciéramos lo que nos da la gana, imagínese usted cómo estaría el pueblo". Pues me lo imagino, hijo mío, me lo imagino. Estaría llenos de municipales que ante un pequeño colapso de coches no dudan en poner la sirena para tener preferencia, hacer la pirula en un cruce en lugar de hacer un cambio legal de sentido más adelante y alertar innecesariamente al los tranquilos viandantes.

También pudiera ser que realmente fueran en una emergencia, de ahí las sirenas, y en su celo por el trabajo bien hecho "aparcaran" esa emergencia unos minutos para multarme. Mmmm, no, creo que no.

Así no se hacen las cosas. Vale que yo lo hice mal, y viniste tu a regañarme. Pero... ¿Quién te regaña a tí?

Esto no es más que una anécdota, no pretengo ni juzgar ni denunciar a nadie, pero es que hay actitudes que parecen de chiste. Todos mis respetos a los municipales, que bastante trabajo tienen y bien que lo hacen.

Salud y suerte.

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