lunes, 3 de agosto de 2009

Si no queda satisfecho...

Me cago en le mediamark, en el cortinglés y en la ley de garantías.

"Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero". Esa frase ronda la cabeza de los clientes y se solapa a cualquier otra que sea pronunciada durante el proceso de venta.

Entre el que no se entera, el que no escucha y el que encima viene diciendo que este le ha dicho... aquí no gana uno para disgustos.

El caso es que hace unos días un chaval me compró una tarjeta de memoria para su cámara. Le expliqué que la que se llevaba sólo era compatible con cámaras muy nuevas y el dijo que sin problema, que la suya apenas tenía unos meses y era güena güena de verdad.

Como no podía ser de otra manera esta mañana aparece el susodicho pipiolo con la tarjeta diciendo que no la reconoce. Resulta que la cámara tiene muy mala vejez y en unos días ha pasado de algunos meses a algunos años la pobre. El niño me exige el reembolso y yo le digo que primero me traiga la tarjeta en cuestión para probarla y ya veríamos si le daba otra que le sirviera o le hacía el abono.

No es la primera vez que un chaval se lleva algo y tras echarle la bronca en casa viene a devolverlo con cualquier excusa.

El caso es que una media hora después llega el padre.

Padre: Pero bueno, ¿Cómo es que no le desvuelves el dinero a mi hijo? Que sepas que como consumidores tenemos derechos. Primero que si a mi me sale de los cojones devolver un artículo los primeros quince días me tienes que pagar el dinero, y segundo que si encima ya está roto nada más sacarlo de la caja ya me dirás tu a mi. Así que o me devuelves el dinero de una vez o te pongo una denuncia, que ya está bien de intentar engañar al niño por que es pequeño, pero yo se más y a mi ni me engañas.
Yo: Primero ¿Quién es tu hijo?
Padre: El que vino antes con la tarjeta de memoria.
Yo: Ah, vale. Entonces el problema fue que pidió algo que a su cámara no le iba. Le dije que la trajera para asegurarnos, pero el me afirmó una y otra vez que si le serviría.
Padre: ¿Qué va a saber el? Me devuelves el dinero y punto.
Yo: Segundo, si como usted dice no funciona debería probarla yo antes para asegurarme y luego o bien darle otra o bien el abono.
Padre: Si, claro. Tu seguro que la conectas ahí donde sea de alguna manera y dices que eso va, pero a mi no me va y me tienes que devolver el dinero ya o ya.
Yo: Y tercero, si usted no me entrega la tarjeta y el ticket yo no le puedo hacer ningún abono. Sería tonto si lo hiciera, ¿No?
Padre: ¿Cómo? ¿No te trajo el niño la tarjeta antes?
Yo: Pues no.
Padre: Ah, vale... ejem, esto... yo... bueno, luego te la traigo, adiós.

Y es que no está bien ponerse chulo sin tener toda la información, y mucho menos cuando estoy sólo en la tienda, con la rodilla hecha migas, cuatro ordenadores para ayer y a la vez atendiendo a quien entra.

Esta tarde ha venido el muchacho con la tarjeta y la cámara, una vez que la vi le dije la que le valía y se llevó otra tarjeta y un eurico de diferencia para convidarse a un helado. Encantado y feliz como una perdiz.

Esperemos que cuando sea mayor no sea como el progenitor y al menos se pare unos segundos a escuchar antes de ponerse a soltar sapos y culebras por esa boquita de piñón.

Salud y suerte

1 comentario:

Rocío dijo...

Bueno, tranqui, dentro de poco te vas a Praga y desconectas.