domingo, 1 de noviembre de 2009

Clientes y anti-clientes

Según los manuales de física tendera, a cada uno de los clientes de la naturaleza le corresponde un anticliente de igual rango y valor inverso que equilibra la balanza. Luego se ha demostrado que no, que por cada cliente existen lo menos cincuenta anticlientes, pero eso es otro cantar y además nos manda la ecuación a tomar por culo.

Entra un equipo en el taller, un portátil al que no le funciona la tarjeta wifi. Lo miro, remiro y viendo que realmente no funciona decido cambiarla. Tengo dos opciones: ponerle una tarjeta interna como la que tiene, que le sale por unos 50 euros, o instalarle una externa por USB que apenas llega a los 20. Tras consultar al cliente hago lo segundo, recoge el equipo y le explico como debe manejarse ahora.

Hasta ahí sin mayor problema. Le comento que intente conectar y desconectar la tarjeta con el equipo apagado para evitar que Windows vuelva a detectarla y cause conflictos. Talmente como quien habla a una pared, así que como era de esperar vuelve al día siguiente.

Cliente: Mira, que esto no va y tal y cual...
Yo: A ver... (efectivamente era un problema de controladores, ni puto caso me hizo) esto por aquí... esto por allá... voilá, portátil funcionando.
Cliente: Caramba que rápido. ¿Qué te debo?
Yo: Nada, hombre, nada. Pero ten cuidado que no te pase de nuevo.
Cliente: Pues muchas gracias entonces.

Hasta ahí lo que podría llamarse una visita idílica: se solventa el problema, se pregunta lo que se debe y se agradece la atención. Aquí paz y después gloria.

Pero como no hay cliente sin anticliente, cuando estaba apagando el portátil y él sujetando el maletín para guardarlo entra su madre: la anticliente.

Anticliente: Vaya, vaya, vaya. Pero vaya, vaya. Vaya.
Cliente: Ya está arreglado mama, ha sido cosa mía. Me comentó cómo conectarlo, pero lo hice mal. Y mira,  en una chispa me lo ha puesto todo en su sitio.
Anticliente: Pues ya le vale, por que vamos, el equipo pasa aquí más tiempo que en casa.
Yo: A ver señora, el equipo me lo trajo el miércoles, se lo llevó el jueves y hoy apenas han sido cinco minutos. Además ya le ha comentado que no ha sido fallo del equipo.
Anticliente: Si, si, lo que tu quieras, pero se lo llevó ayer y ya esta aquí otra vez. Vaya, vaya, vaya.
Cliente: Que no, que ya está. Ala, vámonos.
Anticliente: Encima no pretenderás cobrarnos otra vez, ¿no? Que ya está bien de tanto cobrar...

Así que lo que en principio era una visita idílica, digamos de índice 8 hubo que restarle en segundos 10 puntos, con lo que quedó una visita de índice -2.

Como comentaba al principio, la naturaleza puede soportar un anticliente por cada cliente, pero en la realidad por cada uno hay varios anticlientes. Al principio eran dos, luego doce, luego treinta, luego cincuenta...

¿Que pasará cuando el universo esté lleno de anticlientes? No podrán nacer nuevos clientes, y se formará un agujero negro que absorberá las ganas de vivir y trabajar de cualquier humilde tendero...

Pero como la naturaleza es sabia, creó las flautas de palo, los rebaños de cabras y los montes para que estos tenderos cuya esencia vital ha sido absorbida por esos agujeros negros tengan una segunda oportunidad como sanos pastores.

Salud y suerte

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