viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Algo me regalarás, no?

Nuevo post publicado en 1001medios

¿Algo me regalarás, no?


Hay clientes a los que si les dices que les regalas una patada en los huevos te contestan “pues a mi primo se la diste más fuerte”.
Y es que los hay que si fueran a un bazar de Tunéz los echarían por cansinos.







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martes, 18 de octubre de 2011

Pizza Fría

Nuevo post en Entre Dulcinea y Quijote. Relatos para (casi) todos los públicos.


Lo primero que pensó al abrir los ojos fue -“otra vez soñando que vuelo, ¿Qué diría Freud de esto?”- Pero no. Si bien Alfonso no estaba volando, si que permanecía en un estado casi ingrávido, suspendido en el tiempo de su relajación y en el espacio de la piscina con forma de riñón de su amigo Víctor. Se miró la muñeca, la hora dibujada en su casio lo volvió a la realidad.






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lunes, 17 de octubre de 2011

Cara Dura


Nuevo post en 1001medios.


Favores, apaños, poyaques, vistazos, ojetes… Todas esta palabras tienen algo en común: Se esperan gratis. Máxime cuando quien las solicita es cuasi familia.

 ...

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lunes, 8 de agosto de 2011

¿Como que fuera de garantía?

Últimamente estoy teniendo varios problemillas con las garantías de los productos. Se ve que con el tema de la crisis la gente se agarra a un clavo ardiendo con tal de no sufrir un gasto extra que a nadie sienta bien.

La mayoría de las veces intenta pasarle al seguro la reparación. Si tuve una rotura de tubería en enero y en julio le cayó agua al portátil... ¿Por qué no relacionar causa y efecto?

Otras veces simplemente son cosas que no entran en garantía. Cosas que si bien aparecen detalladas en la documentación de los aparatos (si, esos papeles que ponen en las cajas para que tardes más en sacar tu cacharro) suelen ser de sentido común.

Básicamente la garantía cubre los defectos de fabricación del aparato. Que una pantalla se vea con rayas o de un sólo color a los dos meses es fallo de fabricación. Que la pantalla tenga una raja de punta a punta con la forma exacta de tu llavero o del mando de la Wii... pues no.

Y da rabia, lo comprendo. Que algo se estropée da rabia. Que lo haga al poco de terminar el periodo de garantía da más aún. Y ya que estando en garantía no cubra esta la reparación es para tirarse de los pelos (el que tenga).

Varios son los tipos de usuarios que buscan el beneplácito de la garantía allí donde es imposible que llegue.

1.- El Manazas.

Estos son fáciles de reconocer a simple vista. Son como la Pantera Rosa cuando se tiraba de un pelo y terminaba con el pellejo al aire y una madeja de lana rosa en la mano. Todo empieza, como norma general, con un pequeño error casi sin importancia. Que falle el sonido, por ejemplo. Lo obvio sería reinstalar controladores para empezar. Pero no. No quizás por que el cliente no sepa o no quiera, sino por que para ahorrarse unas pelillas le echa un vistazo su vecino que es un monstruo con los ordenadores (que le pilla la wifi al otro vecino, por lo menos).

Ahí ya la hemos liado. En lugar de entregarme un equipo con fallo en el sonido, me llega al taller un equipo al que le han borrado la partición de recuperación para instalarle un XP del Caribe. Sin drivers ni opción de recuperarlos. "¿Cómo que vas a cobrarte taitantos euros por repararme un equipo en garantía?" Con un poco de paciencia se le hace ver que la garantía la perdió tiempo ha. Termina reconociendo la metedura de pata. Así que se reparar y se hace un arreglo en el precio. Todos contentos.

2.- ¿He sido yo?

Este es peor aún. Si el anterior era al menos consciente del problema, este aún no se lo explica.
¿"Cómo que no entra en garantía? ¡¡Es un equipo con menos de cuatro meses, y el teclado no funciona, se quedan las teclas pegadas!!"
Nefesto, mi querido Watson. Y ese olorcillo a Barceló Cola que remanece allende la barra espaciadora me hace sospechar de la posible causa.

Al final tras repetidos "pues vaya chisme más delicado", "si es que los hacen que si los miras se rompen", terminan también comprendiendo que la garantía no cubre las sobredosis etílicas del PC. En ocasiones cuela en garantía, y todos felices, pero normalmente lo mismo que el anterior: un arreglillo en el precio de la reparación y andando.

3.- Que yo tengo mis derechos.

Este es el peor de todos. Si los anteriores ignoraban o disimulaban su alto grado de culpabilidad en el desastre informático, este tercero se niega rotundamente a admitirlo. Es más, no sólo es incapaz de reconocer que ha sido un error suyo o que simplemente la garantía ha expirado por razones cronológicas, sino que exige so amenaza en forma de hoja de reclamaciones que se le repara, ¡Pero para ayer!

De estos, afortunadamente, pocos he tenido. Uno con una impresora: siete meses parada con unos cartuchos rellenados y "misteriosamente" no funciona ahora. ¿Para que explicar nada? "Se tiene que hacer cargo la garantía" No hijo mido, la garantía pasó hace 2 meses. "Pues vaya vendedorzucho estás tu hecho, que me encasquetas impresoras que se rompen por no usarlas".

Por fortuna los fabricantes, que de cubrirse las espaldas saben un cojón, indican en el manual (si, ese papelito...) que no es recomendable dejar la impresora parada más de X tiempo, donde X es igual al tiempo que la ha dejado el cliente menos unas semanas.

A estos es imposible hacerles entender nada. Sus derechos están por encima del tiempo y el espacio. Así que hoja de reclamaciones al canto con mi correspondiente anotación de "impresora con pésimo mantenimiento y fuera de garantía que el cliente pretende reparar gratis". Aún estoy esperando que su reclamación prospere... ¿Por dónde andará?

"Propuestas" para solucionar el tema de la garantía hay tantas como clientes: que si me das un portátil nuevo y te pago la diferencia, que si me lo arreglas y luego ya vemos quien lo paga, que si así no lo quiero dame mi dinero, ...

Y es que el maravilloso mundo de las garantías tiene más lagunas que un concesionario Renault. Para colmo la ley es terriblemente explícita en cuanto quien se hace responsable de laas garantías: si es un producto que yo me vendido, yo; y si es uno que yo he comprado, también yo. Los minoristas estamos en medio y pillamos por todos lados (como diría Josefina en su noche de bodas).

Salud y suerte.

martes, 2 de agosto de 2011

Nueva ubicación, nueva tienda, nueva estrategia

Parecía imposible, pero finalmente todos los plazos se cumplieron: electricistas, pintores, colegas y familia ayudando en la mudanza, ...

Un fin de semana largo e intenso, muy intenso, y por fin la tienda abierta en la nueva dirección.

El cambio no ha sido sólo de ubicación. La disposición de la tienda es distinta:

Un mostrador pequeño (no la barra de taberna que tenía antes). Sólo para cobrar, dar presupuestos, consultar alguna cosa y poco más.

La exposición y el escaparate más o menos como antes. Pero más junto, es lo que tiene el espacio. Aunque eso si, mucho mejor aprovechado, sin huecos en blanco pero tampoco sin agobiar. Sobre todo un pasillo grande entre la puerta y el mostrador. Espacio suficiente para ver la exposición pero espacio libre, bastante, para entrar esperar y hacer cola.

Y el cambio más grande de todos: el taller. Mi reino, mi guarida, mi zulo. Antes una habitación aparte. Con su tabique alto y su puerta. Con el tiempo y el desorden (que en 40m2 se puede dejar mucho por medio sin que estorbe) el espacio útil se fue reduciendo drásticamente.

Ahora tengo el taller en la misma tienda. Al fondo y separado por un lineal que deja ver lo que hay delante y detrás. Yo veo quien entra en la tienda, y tu me ves a mi. Ves tu equipo, sabes lo que le estoy haciendo, sabes si ya me he puesto con él o no.

Transparencia. Seguramente más de una vez me pase factura (si hombre, con el tuyo llevo toda la tarde -"ah, es que como lo veo donde lo dejaste cuando te lo traje...") pero supongo (y espero) que esta accesibilidad de más beneficios que malos ratos. De momento los clientes me van diciendo que les gusta como está, incluso se asustan de que repare los equipos a la vista de todos ¿Qué quieres que oculte? les pregunto, y satisfechos sonríen.


Además en lugar de una mesa cuadrada, que al final me obligaba a estar todo el día dándole vueltas, está en forma de "L". Y con la silla con ruedas voy de un equipo a otro de los tres que puedo estar reparando a la vez.

Para mi, para mi comodidad y manera de hacer las cosas es mucho más cómodo este local actual.

Para los clientes... eso el tiempo lo dirá.

!Se admiten todo tipo de sugerencias¡

lunes, 4 de julio de 2011

Tropofobia

Según  http://www.fobias.net:

"Tropofobia:

Miedo a mudarse o a hacer cambios.


Se define como un persistente, anormal y injustificado miedo a mudarse o a hacer cambios.


Quienes padecen de esta fobia temen cambiar de casa o hacer cambios importantes en su entorno. Si bien las mudanzas son para cualquier persona una fuente de estrés y pueden crearle grandes preocupaciones, los tropofóbicos se apegan irracionalmente a lo que consideran su lugar de pertenencia y sufren mucho ante la posibilidad de tener que mudarse".

Aunque hay ocasiones en las que hay que liarse la manta a la cabeza y cambiar. Quitarse la vieja camisa de serpiente y lucir renovado pellejo con el que vagar por lo que queda de mundo otra buena temporada.




Salud y suerte.

lunes, 2 de mayo de 2011

"Granaditis"

Esta "enfermedad" existe desde tiempos inmemoriales. Desde que la gente de "provincias" pasó un día por la capital. Generalmente se le denomina "capitalitis", aquí se llama "Granaditis", en otros sitios se llamará "Sansebastianitis" o "Barcelonitis".

Los síntomas son bastante claros. El enfermo típico es un joven estudiante que llega a la universidad por primera vez. Ahí, lógico por otra parte, se embelesa y comienza a no comprender cómo ha podido vivir hasta ahora.

Sin botellones multitudinarios, sin decenas de conciertos cada día, sin cine multisala, sin jovencitas que se le acerquen.

Es entonces cuando cambian (al menos en la idiosincrasia local de la "capitalitis") el olivo por el granado.

Hasta ahí me parece estupendo. Yo también fui joven (tiempo ha) y me embelesé con la capital. El día que no había un presentación de un libro teníamos un charla de algún personaje, o cualquier otra cosa. Viajar enriquece y todo lo que sea ver mundo enriquece más que una quiniela de 14.

Pero, y aquí está el motivo por el que se considera enfermedad, lejos de enriquecer esta experiencia acorta miras.

Cuando lo normal sería relacionar el conocer más con el comprender más, esta patología reduce el cerebro del enfermo hasta el tamaño de un grano de granada.

Es entonces cuando, llegado el momento del regreso a provincias (da igual que sea para un verano entero que para un breve fin de semana), parece que el enfermo sea oriundo de aquella capital y esté entrando por primera vez al pueblo.

"Pues en Granada hay bares hasta las mil", "pues en Granada hay decenas de discotecas", "pues en Granada si que hay cines, y teatros", "pues en Granada una vez casi follo", ...

Se dice que se han llegado a ver casos extremos en los que el enfermo exclamaba "Anda, qué arbolitos verdes más bonitos esos de ahí" Esos arbolitos, hijo mío, son los olivos que han estado apaleando tus padres para sacarle los euros que valen tus conciertos, teatros, y botellones varios.

Uno de los efecto principales de esta enfermedad es la ceguera permanente. La percepción del pueblo de origen se estanca en el día en que se fue de él. Da igual que toquen cinco grupos ese fin de semana, da igual que venga una compañía reputada de teatro, da igual que haya una exposición más que interesante: a partir del regreso "aquí nunca hay nada chulo".

Y escudados tras ese "aquí nunca hay nada" la ceguera se torna sordera. -Nene, esta noche ponen tal película, y luego podíamos a ir al concierto de los talycuales- "jo, si es que aquí nunca hay nada"- A ver, te estoy diciendo que...

Imposible hablar, y cuanto menos razonar. Nunca participan en lo que hay y si le ofreces diez te piden once.

La bueno de esta enfermedad es que dada su tipología se cura sola con el tiempo. Normalmente cuando el enfermo finaliza su etapa estudiantil y comienza la laboral. Ver que 800€ escasos no dan para un piso de alquiler en la Chana, que los conciertos a 50€ se pueden permitir como mucho una vez cada dos meses y que comer de tapas es un lujo semanal (con suerte).

Es entonces cuando el enfermo, en su pueblo natal, se sorprende de que haya conciertos, películas, teatros, tertulias literarias, ... cosas que "nunca" había visto.

Aquí pueden pasar dos cosas: en casos extraños el paciente no solo sana, sino que comienza a participar en las diversas actividades, las promueve e incluso crea las que son de su agrado. Aunque por lo general simplemente sigue asqueado duran mucho tiempo.

En mi humilde opinión no hay nada más sano ni reconfortante que darse cuenta de que falta algo e intentar ponerle remedio. Hacer por quedar con gente con tus mismos intereses y organizar lo que haya que organizar para llevarlas a cabo. Más fácil es, evidentemente, ir donde ya exista eso y así no tener que hacer nada. Si el bolsillo te lo permite chapeau, pero entonces no te quejes de que en tu pueblo no exista una oferta que te has negado a promover ni tan siquiera participando pasivamente como espectador.

Salud y suerte.

viernes, 8 de abril de 2011

De indios y abogados.

Hablaba el otro día con un amiguete que ha pasado de currar como autónomo a compaginarlo con un trabajo "serio". Con sus nóminas y esas cosas. Me decía que si no fuera por este último cerraría sin duda alguna.

Entre eso y la crisis acuciante, que cuando parece que no puede ir a peor lo hace, me ha dado por pensar. Sin que sirva de precedente.

El mes que viene cumplo un año en solitario al frente de la tienda. Y con este cumplo ya 10 con ella.

Ir va. No para tirar cohetes ni para comer solomillo a diario, pero al menos si para llevar la casa adelante y echar unas cañicas de vez en cuando.

¿Qué más se necesita? Hombre, pues ya puestos una moto más potente, viajecillos frecuentes, vacaciones a tuttiplén, ...

Pero... realmente... ¿Qué más se necesita?

La verdad es que teniendo una criaturica en camino algo más que hasta ahora (ya escribiré un post sobre las peculiares familias modernas).

Así que piensa que te piensa barajé opciones como mi amiguete y compaginar la tienda con un "curro serio", modificando horarios y tal. O bien ser consecuente y pragmático y directamente meterle fuego al chiringuito, cobrar el seguro y buscarme otra cosa.

Y ahí vi como la balanza, contra todo pronóstico, se inclinaba decididamente al lado del "virgencita que me quede como estoy".

Llevo aquí, como decía, casi una década. El último año más aún, ya que estoy sólo al frente del castillo. Eso, además de en ocasiones estresar, agobiar, acelerar la alopecia y sobre todo quitar mucho tiempo, tiene sus cosas malas.

Pero también las buenas:

Vengo a trabajar en vaqueros, camiseta y zapatillas. Radio 3 sonando toda la jornada. Cuando tengo algo de tiempo libre actualizo el blog, facebook, twitter, .... Hay días en los que pongo heavy y otros en los que escucho la discografía de Sabina. Algunos sábados los paso con Mamá Ladilla para amenizar la jornada.

No rindo más cuentas que las que debo a mis clientes. Según el trabajo que tenga puedo echarme una partidilla, avanzar en algún curso online o simplemente revisar el google reader.

Nada o muy poco de esto lo tendría en un "trabajo serio".

Por otro lado también es cierto que en ocasiones lo que consigo ahorrar en unos meses tengo que ponerlo en otros. No tener un sueldo fijo hace que no pueda uno meterse en fregados de cuantía. Si un mes tengo un gasto grande no tengo la seguridad de esperar al día uno para recuperarme. O tal vez si. Quizás ese mes me recupere con creces, aunque el siguiente puede ser que tenga de reembolsar parte de lo conseguido.

Además de compararme con asalariados también lo hago con otras tiendas. No llevo uniforme (no en el sentido estricto de la palabra). La que tiene menos empleados tiene 3 o 4, yo soy un forever alone. Salgo poco a nada a realizar tareas a domicilio cuando el resto tiene su furgoneta con logotipos y todo. Cuando salgo es en moto o andando.

Pero sin embargo tengo clientes que no han dejado de venir. Que hay veces que pasan simplemente a saludar. Que no temen decirme que compraron el portátil en el mediamá pero prefieren que yo se lo ponga en marcha. Que tienen más confianza en mi opinión que en la de los foros u otros vendedores.

Ya no soy un chaval, bien es cierto, ni tengo las piernas para corretear mucho ni subirme a una escalera para hacer instalaciones. Seguramente con el tiempo no tenga más remedio que claudicar y encerrarme de 8 a 3 en una oficina a ver crecer mi culete.

Resumiendo. La seguridad que da saber que el día uno tendré x euros en mi cuenta pesa. La confianza de tener un buen equipo alrededor pesa. La tranquilidad no tener que cerrar por salir de viaje pesa. Pero mucho más pesa, al menos a mi entender y en estos momentos, saber que todo lo que consiga es mío y sólo mío. Venir a trabajar en chanclas si hace calor o estrenar orgulloso mi última camiseta. Poder dejar lo que esté haciendo y salirme a fumar o jugar un par de sudokus para salir del obcecamiento y volver con la mente clara.

En resumen, que ahora prefiero ser un indio a un importante abogado.





Salud y suerte.

PD.- Vídeo dedicado a Javi, el Gran Jefe Indio.

miércoles, 23 de marzo de 2011

En el fondo hay que quererlos

Nuevo post en 1001medios.es



"Tal vez sea un poco injusto que siempre retrate a mis clientes como personas confusas en el mundo de la informática, maleducadas o simplemente ignorantes de su ignorancia.

Nada más lejos. Aunque, evidentemente, las anécdotas más reseñables son las que protagonizan este tipo de clientes.

Pero hoy voy a hablar de otros. De los que me dejan no sólo su ordenador para que lo repare, sino también depositan en mí su confianza y sobre todo su agradecimiento."

¿Quieres seguir leyendo? Aquí lo tienes.
Salud y suerte.

viernes, 25 de febrero de 2011

Cena "Los Paladares del Abad"

Imagínense una balanza. En un lado tenemos una cena "sensorial", de esas en las que te tapan los ojos y no ves lo que te meten en la boca. En el otro lado ponemos que es gratis, por haber ganado un concurso. En estos tiempos pesa más lo segundo, así que allá vamos.

Cortesía de Tu Historia llegamos a la Fortaleza de la Mota. De noche impresiona mucho más con su magnífica iluminación.

Ahí tenemos una pequeña presentación de lo que va a ser el evento. La proyección de un vídeo sobre la historia de Alcalá la Real, tras verlo ¡Dan ganas de irse a vivir allí!

Ya hemos calentado. Estamos en medio de la historia, rodeados de ella. Tocándola, oliéndola y por última vez... viéndola.

Antifaces y para adentro.

¿Dónde? Ahí empieza la "gracia" del asunto. Con la vista tapada, unas manos impregnadas en aceites aromáticos me van conduciendo por lo que pienso es un pequeño pasillo. Me va susurrando "escalón", "ahora agáchate". ¿Agacharme? Paso mientras me rozan la calva algo que pienso son las cortinas ajadas de una jaima o la parra que da paso al jardín. Seguramente fueran retales de fregonas viejas, pero ahí está la gracia del asunto.

Ya si. El miedo primero de ir a ciegas se convierte en un disfrute inesperado. Olores a incienso, hierbas, frescor... El sonido de una fuente, pájaros.

Yo veía esto...

Aunque realmente lo que "veía" era algo como esto

Como decía se iban pasando los primeros miedos. O más bien las primeras reticencias. Empezaba pensando "seguro que hay un solomillo de kilo y medio y ni me estoy enterando". "Seguro que están todos viendo menos yo". Unos minutos de incertidumbre y de repente estaba en este jardín.

Las cítaras ponían música de fondo mientras las manos aromáticas me ponían una copa de vino en la mano, me tocaban los hombros delicadamente y me hacían dejar de saber donde estaba para estar convencido de dónde estaba.

Primer plato. Palpo con cuidado tocando algo blando... urggggg. ¿Qué es? Sigo tocando hasta notar algo más sólido, un trozo de zanahoria, creo. Sigo investigando el resto del plato y lo que en principio parecía algo blanduzco sin posibilidad de cogerlo resulta ser una pastela. Amigo, eso ya es otra cosa. Consigo cogerla de una esquina y para adentro.

Mientras la música se va animando y el maestro de ceremonias nos explica que el baile se ha usado desde tiempos inmemoriales para celebraciones, dando paso a las bailarinas que con las caderas rodeadas de cascabeles danzan a nuestro paso rozándonos los hombros.

Por unos segundos pienso en si realmente son sensuales bailarinas o bien un tío como yo de feo con un sonajero. No, sin duda son sensuales bailarinas que danzan a mi alrededor rozándose delicadamente.

Termino este plato y una voz me susurra al oido "abre la boca". La abro y muerdo algo duro... coño, la cuchara. Relajo la mandíbula y noto algo de fruta. Naranja creo que era.

Ya estoy bastante más cómodo, en el jardín. Sólo oigo algunas risas tímidas del resto de comensales, los pájaros, el agua, la música... de vez en cuando vuelven a pasar detrás de mí rozándome los brazos, los hombros, el almendrón. Más vino, que no falte.

Pero héteme aquí que no todo son bondades en el jardín de la alegría. De repente entran los cristianos a reconquistar el castillo. Y yo con estos pelos. Gritos, flechas, luchas... Todo eso a nuestro alrededor. Algún cristiano cayó herido y me empujó, pobretico. No le pude ayudar por no cambiar la historia.

Cambia la música, llega el Arcipreste de Hita en persona (lástima no poder verlo) a recitarnos unos versos mientras por arte de magia vuelve a haber comida en mi mesa. Esta vez pollo y buñuelos de bacalao. Y más vino, que no falte.

Tras el pollo y pensar si realmente me había limpiado bien las manos, me las introducen en algo que no llego a saber lo que es. Una especie de cuenco con gelatina donde me las lavan y me las secan.

Un poco más de vino. De vez en cuando vuelven a masajearme un poco el cuello, los hombros.

Pero ha pasado el tiempo, mucho tiempo. Ahora la Mota no es una fortaleza militar, sino todo un mercado donde se compra y se vende ganado, frutas, especias... Los mercaderes van pasando entre los comensales dándoles a oler y tocar limones, cebollas, hierbas. Pasan cabras y vacas. Cada cual "canta" sus ofertas como en un restaurante de menú del día.

La música es cada vez más verbenera, nos levantan y nos llevan al centro de una gran fiesta danzando a nuestro alrededor. Ahí la cojera y una enfermedad ficticia que me impide bailar hicieron que el momento no fuera demasiado agradable. Pero realmente me sentía en plena fiesta medieval.

Tras el bailoteo a descansar un rato. Un postre delicioso sentado en unos bancos de madera. Masajes en las piernas.

Nos ponen de pié sobre una especia de almohada-alfombra que indica el camino al exterior previa mantica por los hombros. Una vez fuera nos quitan los antifaces.

Y ahí estamos, donde comenzamos la velada. En plena iglesia abacial. Todos nos miramos, nos buscamos, comentamos.

Hablando con mi mujer me llamó la atención que cada uno estuviera en mundos distintos. Cada uno interpretaba los que había sucedido a su manera. Lo que a mi me parecía un jardín a ella el patio de un gran salón. Supongo que si estábamos diez criaturas, hubo diez cenas completamente distintas.

En resumen, toda una experiencia. Yo iba sólo por probar, y vive dios que lo hice. No hablé con nadie pero estaba con decenas de personas, que tal ver eran apenas diez o doce.

Por mis "ojos" pasó la historia, mi historia, la de mi pueblo. Comí con moros y cristianos. "Vi" bailar a las más hermosas del harén. Me llené de grasa comiendo con las manos en un salón enorme junto a una chimenea de piedra. Anduve entre los tenderetes del mercado donde la carne cruda se secaba al sol y de no haber estado atento seguramente me hubieran robado la bolsa de las monedas.

Y mil cosas más. Todavía huelo el romero. Pienso en las mil veces que estuve tentado de levantarme el antifaz y me alegra no haberlo hecho. Da igual lo hermosa que fuera la sala restaurada donde estaba, mucho mejor era la que tenía en mente.

Salud y suerte.

domingo, 13 de febrero de 2011

La Red Social

La Red Social: 8 nominaciones a los oscars, 6 a los globos de oro, otros 6 a los Baftas y alguna cosica más.

Con ese currículum ¿Quién puede resistirse a verla? Además va de informáticos y tal, con lo que le sumamos un par de puntos a los que ya tenía de por sí.

Comienza con una inteligible charla entre Mark y su amiga, donde ella lo llama gilipollas un par de veces y queda más que patente su escasa habilidad social. Tras eso y hacer un par de webs chorras sobre lo buenorras que están las muchachas del campus le proponen crear una red social de Hardvard.

Con esa idea en mente (o similar) crea The Facebook, donde no sólo entrará la exclusividad "hardvariana", sino que se abrirá a otras universidades y finalmente al público general.

La narración de la cinta, a mi gusto, es lo mejor que tiene. Saltos temporales entre el juicio con los hermanos repijos y el amiguete que le dejó las pelas al principio y lo que pasaba en aquellos primeros años. Napster de por medio.

Mal no está la película, para que negarlo. Hay partes más aburridas, otras más entretenidas, pero con los saltos que da no tienes más remedio que mantenerte alerta.

Los personajes, a mi gusto, demasiado planos. Las sandalias de Zuckerberg tienen casi más personalidad que el propio Mark.

El de napster es un putero fiestero. Eduardo emula a Umbral, sólo ha venido a hablar de su dinero. Mark tiene la misma expresión si le das un balonazo en sus partes que si copulara con Bo Derek en sus mejores tiempos.

Y hablando de mujeres... me extraña que nadie haya puesto el grito en el cielo.

La única que tiene más de una frase es la novieta de Mark que lo deja al inicio de la película. Como parece que piensa y sabe enlazar más de dos palaras seguidas no tarda en volver a salir, pero esta vez con un grupo de medio hippies.

El resto de mujeres... apenas conejitas de playboy venidas a menos. La abogada sólo abre la boca para maravillarse de lo inteligentímiso que resulta Zuckerberg. Las dos asiáticas son unos floreros preciosos de la dinastía Ming, y poco más.

Poco o ningún texto, mucho canalillo y en la versión española un doblaje que hace que hace buena a la Forqué de El Resplandor.

En resumen,  una de esas películas que lo hacen a uno sentirse gilipollas: o todo el mundo es idiota o yo no he cogido ni papa de la película. Un guión genial, eso si, y dirigida de manera magistral por Fincher. Pero poco más. No puedes hacer una cena estupenda aunque las sartenes sean las que anuncia Arguiñano si la carne está más negra que el alma de Judas.

¿Clasico? ¿De culto? ¿No se pueden tener 500 millones de amigos sin hacerte algún enemigo? Pues súmame a estos últimos.

Salud y suerte.

lunes, 7 de febrero de 2011

Más cine, por favor

Que todo en la vida es cine y los sueños cine son. Decía el Aute. Y es que no hay nada más sano que una buena sesión de cine. Lamentablemente no siempre se puede, así que cuando toca se pilla con más ganas.

Este domingo han caído dos películas de lo más diverso. Como curiosidad decir que ambas eran españolas (si, de esas en las que durante los primeros quince minutos aparecen en pantalla las cienmil entidades de crédito que las financian).

La primera de ellas Buried (Enterrado)

 Un ejercicio de cine de lo más suculento para el espectador y supongo que todo un reto para el equipo de realización.

Un transportista, un ataúd de madera, un zippo y una blackberry. Esos son los protagonistas de esta cinta de 2010.

Tras una emboscada, Paul Conroy se despierta enterrado en una caja de madera. Tras los primeros minutos de desesperación empieza estudiar el entorno: un mechero y un teléfono es todo lo que a simple vista tiene dentro. Ahí comienza una cuenta atrás de hora y media en la que no puede hacer más que llamar por teléfono pidiendo ayuda ante su inminente muerte.

Menos mal que tenía una blackberry, con un iPhone la película hubiera sido apenas un corto ;-)

A mi gusto genial. La sensación de angustia y claustrofobia esta magistralmente tratada. Viéndola en el sofá no dejaba de moverme como el protagonista, sin atreverme a sacar los brazos de tan metido que estaba en la película.

¿Lo peor? Un detalle sin importancia que sólo habremos visto los usuarios habituales de zippo: casi al final de la película enciende el mechero para leer unas notas y se ve claramente que la tapa está también prendida, cosa que sólo sucede cuando está recién cargado y que es imposible puesto que ya lleva una hora con él encendido.

Quitando eso, sin importancia alguna, pero detalle al fin y al cabo, el resto de la cinta es digna de verse. Los devoradores de CSI, que también estamos habituados a este tipo de enterramientos en vida gracias al genial episodio doble dirigido por Quentin Tarantino, disfrutaremos casi más que el resto. Si es que ver la desesperación de un hombre enterrado vivo es algo de lo que se pueda disfrutar.


Después, y para rematar el domingo, otro ejemplo de cine pátrio (que hay que verlo corriendo antes de que desaparezca por completo):

El Gran Vázquez

Tragicomedia es la palabra que mejor define a esta cinta. Una vez vista te das cuenta de que realmente es todo un drama. Se podía haber enfocado desde varios puntos de vista distintos.

Parece más un tebeo que una película: la fotografía, la iluminación, los personajes (Ibañez genial). Todo es más un tebeo que una película. Algún pequeño altibajo en mitad del metraje, pero casi todo se ve al tirón sin apenas parpadear.

La vida (mala vida... o buena, según se mire) de uno de los mejores autores de tebeos. No hay vicio que se le escape a este putero bígamo y estafador. Un equipo de fútbol de hijos, varias entradas y salidas de la cárcel, estafas a más no poder... todo ello finamente estampado en sus innumerables páginas de humor.

Se le coge hasta cariño.

¿Cual será la siguiente sesión? ¿Qué películas ver el próximo domingo...?

Se admiten sugerencias.

Salud y suerte.

domingo, 30 de enero de 2011

Yo, Dependiente

Nuevo post en 1001medios.

En su día el señor Asimov enunció las tres leyes fundamentales de la robótica. Robot en su origen significaba algo así como “sirviente”, es decir, el que hace el trabajo, el que lo ofrece. Digamos que es el que a cambio de algo (dinero, comida, no ser asesinado) te ofrece si trabajo.
En resumen, bien podía definirse como... Dependiente.


¿Quieres seguir leyéndolo? Aquí lo tienes.

Salud y suerte

viernes, 21 de enero de 2011

El tema del viernes

Viernes, viernes, viernes. ¡¡¡Por fin viernes!!! Que dirían los jóvenes. Lamentablemente ya a ciertas edades un viernes no deja de ser un día cualquiera.

Un día frío o caluroso, dependiendo de la época del año. Un día que tal vez traiga algo bueno, aunque lo más probable es que pase sin pena ni gloria.

Un día normal y corriente.

¿O es que me estoy haciendo mayor? No se, tal vez sea la edad... tal vez la kriptonita



Salud y suerte.

martes, 11 de enero de 2011

Por sus obras los conoceréis

No se puede decir que nos hayan cogido por sorpresa. Tiempo hace ya que están levantando las calles para, en este caso, cambiar a mejor (se supone) el drenaje del agua.

Varios han sido los episodios nefastos por la acumulación de agua en lluvias copiosas y algunos dramáticos por el mal desagüe de las alcantarillas.

Como decía, hace tiempo comenzaron a cambiarlo todo, poquito a poco. Y ahora me ha tocado a mi. Vale, chachi, no me importa. Siempre que sea por un bien común no puedo menos que, como ciudadano, aguantar un poco el tirón aunque me venga sólo regular.

En mi calle no hay muchos comercios, apenas somos dos o tres, pero si que hay muchas cocheras.

Ayer por la tarde, día 10 del presente, se acercó un operario para indicarme que mañana (por hoy) cortarían la calle, que si tenía que sacar algo del bajo lo hiciera ya. ¿¿¿Sacar algo del bajo??? Cáspita, si es una tienda. O saco cosas del bajo a diario o mejor bajo la persiana y me voy al campo a pastorear.

Supongo, por lo que he visto cuando han cortado otras calles, que me pondrán una pequeña plataforma para que los pocos clientes que se aventuren a cruzar este mar de tierra y barro en lo que se convertirá en breve mi acera puedan entrar.

Cortesía de Ruyelcid
Tras estas elucubraciones veo con una extraña mescolanza entre confusión y consuelo que los carteles que indican el corte de la calle tienen como fecha el 11 de febrero. Es decir, el mes que viene. ¿No me había dicho el operario que sería el 11 de enero? En fin, cosas mías. Estaría pensando en mis musarañas y no le oiría bien.

Pero héteme aquí que llega el día. 11 de enero de 2011, 11/01/11, binario donde los haya. Al venir del café mañanero de rigor me encuentro la calle cortada y a todos los operarios quitando los carteles como su fueran fotos de sus señoras en paños menores.

Les pregunto y no me dicen nada, que está cortada ¿No lo ves?. Verlo si, hijos midos, pero en los carteles... Nada, un error de imprenta, pasa en las mejores familias.

Así que el aviso verbal era el correcto, lo que falló fue el anuncio impreso. Pero... ¿Y los coches? ¿Y los vecinos que ayer vieran que tenían un mes por delante para sacar sus vehículos?

Decía antes que como buen ciudadano no me da ninguna pena aguantarme unas semanas mientras realizan alguna obra que beneficie al pueblo. Pero me temo que a estas alturas del año no somos ciudadanos, sino votantes. Y eso ya es otro cantar. Con elecciones a la vuelta de la esquina vienen las prisas por salir en las fotos.

Así que tenemos la calle cortada, muchos carteles con mala información arrancados con alevosía, coches que no podrán salir en mucho tiempo, pésimo acceso a la tienda y en breve un barrizal que más parecerá que se está entrando en la selva camboyana.

Todo sea por que cuando llueva no se encharque la avenida que hay encima de la calle. A ver si con suerte en este tercer intento algo funciona.

Ya que estamos en plena campaña de la aceituna podemos emular sus costumbres y tomarnos esto como el "arremate" de una campaña navideña regular. Si llego a febrero será para darme con un canto en los dientes.

Salud y suerte.