viernes, 25 de febrero de 2011

Cena "Los Paladares del Abad"

Imagínense una balanza. En un lado tenemos una cena "sensorial", de esas en las que te tapan los ojos y no ves lo que te meten en la boca. En el otro lado ponemos que es gratis, por haber ganado un concurso. En estos tiempos pesa más lo segundo, así que allá vamos.

Cortesía de Tu Historia llegamos a la Fortaleza de la Mota. De noche impresiona mucho más con su magnífica iluminación.

Ahí tenemos una pequeña presentación de lo que va a ser el evento. La proyección de un vídeo sobre la historia de Alcalá la Real, tras verlo ¡Dan ganas de irse a vivir allí!

Ya hemos calentado. Estamos en medio de la historia, rodeados de ella. Tocándola, oliéndola y por última vez... viéndola.

Antifaces y para adentro.

¿Dónde? Ahí empieza la "gracia" del asunto. Con la vista tapada, unas manos impregnadas en aceites aromáticos me van conduciendo por lo que pienso es un pequeño pasillo. Me va susurrando "escalón", "ahora agáchate". ¿Agacharme? Paso mientras me rozan la calva algo que pienso son las cortinas ajadas de una jaima o la parra que da paso al jardín. Seguramente fueran retales de fregonas viejas, pero ahí está la gracia del asunto.

Ya si. El miedo primero de ir a ciegas se convierte en un disfrute inesperado. Olores a incienso, hierbas, frescor... El sonido de una fuente, pájaros.

Yo veía esto...

Aunque realmente lo que "veía" era algo como esto

Como decía se iban pasando los primeros miedos. O más bien las primeras reticencias. Empezaba pensando "seguro que hay un solomillo de kilo y medio y ni me estoy enterando". "Seguro que están todos viendo menos yo". Unos minutos de incertidumbre y de repente estaba en este jardín.

Las cítaras ponían música de fondo mientras las manos aromáticas me ponían una copa de vino en la mano, me tocaban los hombros delicadamente y me hacían dejar de saber donde estaba para estar convencido de dónde estaba.

Primer plato. Palpo con cuidado tocando algo blando... urggggg. ¿Qué es? Sigo tocando hasta notar algo más sólido, un trozo de zanahoria, creo. Sigo investigando el resto del plato y lo que en principio parecía algo blanduzco sin posibilidad de cogerlo resulta ser una pastela. Amigo, eso ya es otra cosa. Consigo cogerla de una esquina y para adentro.

Mientras la música se va animando y el maestro de ceremonias nos explica que el baile se ha usado desde tiempos inmemoriales para celebraciones, dando paso a las bailarinas que con las caderas rodeadas de cascabeles danzan a nuestro paso rozándonos los hombros.

Por unos segundos pienso en si realmente son sensuales bailarinas o bien un tío como yo de feo con un sonajero. No, sin duda son sensuales bailarinas que danzan a mi alrededor rozándose delicadamente.

Termino este plato y una voz me susurra al oido "abre la boca". La abro y muerdo algo duro... coño, la cuchara. Relajo la mandíbula y noto algo de fruta. Naranja creo que era.

Ya estoy bastante más cómodo, en el jardín. Sólo oigo algunas risas tímidas del resto de comensales, los pájaros, el agua, la música... de vez en cuando vuelven a pasar detrás de mí rozándome los brazos, los hombros, el almendrón. Más vino, que no falte.

Pero héteme aquí que no todo son bondades en el jardín de la alegría. De repente entran los cristianos a reconquistar el castillo. Y yo con estos pelos. Gritos, flechas, luchas... Todo eso a nuestro alrededor. Algún cristiano cayó herido y me empujó, pobretico. No le pude ayudar por no cambiar la historia.

Cambia la música, llega el Arcipreste de Hita en persona (lástima no poder verlo) a recitarnos unos versos mientras por arte de magia vuelve a haber comida en mi mesa. Esta vez pollo y buñuelos de bacalao. Y más vino, que no falte.

Tras el pollo y pensar si realmente me había limpiado bien las manos, me las introducen en algo que no llego a saber lo que es. Una especie de cuenco con gelatina donde me las lavan y me las secan.

Un poco más de vino. De vez en cuando vuelven a masajearme un poco el cuello, los hombros.

Pero ha pasado el tiempo, mucho tiempo. Ahora la Mota no es una fortaleza militar, sino todo un mercado donde se compra y se vende ganado, frutas, especias... Los mercaderes van pasando entre los comensales dándoles a oler y tocar limones, cebollas, hierbas. Pasan cabras y vacas. Cada cual "canta" sus ofertas como en un restaurante de menú del día.

La música es cada vez más verbenera, nos levantan y nos llevan al centro de una gran fiesta danzando a nuestro alrededor. Ahí la cojera y una enfermedad ficticia que me impide bailar hicieron que el momento no fuera demasiado agradable. Pero realmente me sentía en plena fiesta medieval.

Tras el bailoteo a descansar un rato. Un postre delicioso sentado en unos bancos de madera. Masajes en las piernas.

Nos ponen de pié sobre una especia de almohada-alfombra que indica el camino al exterior previa mantica por los hombros. Una vez fuera nos quitan los antifaces.

Y ahí estamos, donde comenzamos la velada. En plena iglesia abacial. Todos nos miramos, nos buscamos, comentamos.

Hablando con mi mujer me llamó la atención que cada uno estuviera en mundos distintos. Cada uno interpretaba los que había sucedido a su manera. Lo que a mi me parecía un jardín a ella el patio de un gran salón. Supongo que si estábamos diez criaturas, hubo diez cenas completamente distintas.

En resumen, toda una experiencia. Yo iba sólo por probar, y vive dios que lo hice. No hablé con nadie pero estaba con decenas de personas, que tal ver eran apenas diez o doce.

Por mis "ojos" pasó la historia, mi historia, la de mi pueblo. Comí con moros y cristianos. "Vi" bailar a las más hermosas del harén. Me llené de grasa comiendo con las manos en un salón enorme junto a una chimenea de piedra. Anduve entre los tenderetes del mercado donde la carne cruda se secaba al sol y de no haber estado atento seguramente me hubieran robado la bolsa de las monedas.

Y mil cosas más. Todavía huelo el romero. Pienso en las mil veces que estuve tentado de levantarme el antifaz y me alegra no haberlo hecho. Da igual lo hermosa que fuera la sala restaurada donde estaba, mucho mejor era la que tenía en mente.

Salud y suerte.

domingo, 13 de febrero de 2011

La Red Social

La Red Social: 8 nominaciones a los oscars, 6 a los globos de oro, otros 6 a los Baftas y alguna cosica más.

Con ese currículum ¿Quién puede resistirse a verla? Además va de informáticos y tal, con lo que le sumamos un par de puntos a los que ya tenía de por sí.

Comienza con una inteligible charla entre Mark y su amiga, donde ella lo llama gilipollas un par de veces y queda más que patente su escasa habilidad social. Tras eso y hacer un par de webs chorras sobre lo buenorras que están las muchachas del campus le proponen crear una red social de Hardvard.

Con esa idea en mente (o similar) crea The Facebook, donde no sólo entrará la exclusividad "hardvariana", sino que se abrirá a otras universidades y finalmente al público general.

La narración de la cinta, a mi gusto, es lo mejor que tiene. Saltos temporales entre el juicio con los hermanos repijos y el amiguete que le dejó las pelas al principio y lo que pasaba en aquellos primeros años. Napster de por medio.

Mal no está la película, para que negarlo. Hay partes más aburridas, otras más entretenidas, pero con los saltos que da no tienes más remedio que mantenerte alerta.

Los personajes, a mi gusto, demasiado planos. Las sandalias de Zuckerberg tienen casi más personalidad que el propio Mark.

El de napster es un putero fiestero. Eduardo emula a Umbral, sólo ha venido a hablar de su dinero. Mark tiene la misma expresión si le das un balonazo en sus partes que si copulara con Bo Derek en sus mejores tiempos.

Y hablando de mujeres... me extraña que nadie haya puesto el grito en el cielo.

La única que tiene más de una frase es la novieta de Mark que lo deja al inicio de la película. Como parece que piensa y sabe enlazar más de dos palaras seguidas no tarda en volver a salir, pero esta vez con un grupo de medio hippies.

El resto de mujeres... apenas conejitas de playboy venidas a menos. La abogada sólo abre la boca para maravillarse de lo inteligentímiso que resulta Zuckerberg. Las dos asiáticas son unos floreros preciosos de la dinastía Ming, y poco más.

Poco o ningún texto, mucho canalillo y en la versión española un doblaje que hace que hace buena a la Forqué de El Resplandor.

En resumen,  una de esas películas que lo hacen a uno sentirse gilipollas: o todo el mundo es idiota o yo no he cogido ni papa de la película. Un guión genial, eso si, y dirigida de manera magistral por Fincher. Pero poco más. No puedes hacer una cena estupenda aunque las sartenes sean las que anuncia Arguiñano si la carne está más negra que el alma de Judas.

¿Clasico? ¿De culto? ¿No se pueden tener 500 millones de amigos sin hacerte algún enemigo? Pues súmame a estos últimos.

Salud y suerte.

lunes, 7 de febrero de 2011

Más cine, por favor

Que todo en la vida es cine y los sueños cine son. Decía el Aute. Y es que no hay nada más sano que una buena sesión de cine. Lamentablemente no siempre se puede, así que cuando toca se pilla con más ganas.

Este domingo han caído dos películas de lo más diverso. Como curiosidad decir que ambas eran españolas (si, de esas en las que durante los primeros quince minutos aparecen en pantalla las cienmil entidades de crédito que las financian).

La primera de ellas Buried (Enterrado)

 Un ejercicio de cine de lo más suculento para el espectador y supongo que todo un reto para el equipo de realización.

Un transportista, un ataúd de madera, un zippo y una blackberry. Esos son los protagonistas de esta cinta de 2010.

Tras una emboscada, Paul Conroy se despierta enterrado en una caja de madera. Tras los primeros minutos de desesperación empieza estudiar el entorno: un mechero y un teléfono es todo lo que a simple vista tiene dentro. Ahí comienza una cuenta atrás de hora y media en la que no puede hacer más que llamar por teléfono pidiendo ayuda ante su inminente muerte.

Menos mal que tenía una blackberry, con un iPhone la película hubiera sido apenas un corto ;-)

A mi gusto genial. La sensación de angustia y claustrofobia esta magistralmente tratada. Viéndola en el sofá no dejaba de moverme como el protagonista, sin atreverme a sacar los brazos de tan metido que estaba en la película.

¿Lo peor? Un detalle sin importancia que sólo habremos visto los usuarios habituales de zippo: casi al final de la película enciende el mechero para leer unas notas y se ve claramente que la tapa está también prendida, cosa que sólo sucede cuando está recién cargado y que es imposible puesto que ya lleva una hora con él encendido.

Quitando eso, sin importancia alguna, pero detalle al fin y al cabo, el resto de la cinta es digna de verse. Los devoradores de CSI, que también estamos habituados a este tipo de enterramientos en vida gracias al genial episodio doble dirigido por Quentin Tarantino, disfrutaremos casi más que el resto. Si es que ver la desesperación de un hombre enterrado vivo es algo de lo que se pueda disfrutar.


Después, y para rematar el domingo, otro ejemplo de cine pátrio (que hay que verlo corriendo antes de que desaparezca por completo):

El Gran Vázquez

Tragicomedia es la palabra que mejor define a esta cinta. Una vez vista te das cuenta de que realmente es todo un drama. Se podía haber enfocado desde varios puntos de vista distintos.

Parece más un tebeo que una película: la fotografía, la iluminación, los personajes (Ibañez genial). Todo es más un tebeo que una película. Algún pequeño altibajo en mitad del metraje, pero casi todo se ve al tirón sin apenas parpadear.

La vida (mala vida... o buena, según se mire) de uno de los mejores autores de tebeos. No hay vicio que se le escape a este putero bígamo y estafador. Un equipo de fútbol de hijos, varias entradas y salidas de la cárcel, estafas a más no poder... todo ello finamente estampado en sus innumerables páginas de humor.

Se le coge hasta cariño.

¿Cual será la siguiente sesión? ¿Qué películas ver el próximo domingo...?

Se admiten sugerencias.

Salud y suerte.