lunes, 2 de mayo de 2011

"Granaditis"

Esta "enfermedad" existe desde tiempos inmemoriales. Desde que la gente de "provincias" pasó un día por la capital. Generalmente se le denomina "capitalitis", aquí se llama "Granaditis", en otros sitios se llamará "Sansebastianitis" o "Barcelonitis".

Los síntomas son bastante claros. El enfermo típico es un joven estudiante que llega a la universidad por primera vez. Ahí, lógico por otra parte, se embelesa y comienza a no comprender cómo ha podido vivir hasta ahora.

Sin botellones multitudinarios, sin decenas de conciertos cada día, sin cine multisala, sin jovencitas que se le acerquen.

Es entonces cuando cambian (al menos en la idiosincrasia local de la "capitalitis") el olivo por el granado.

Hasta ahí me parece estupendo. Yo también fui joven (tiempo ha) y me embelesé con la capital. El día que no había un presentación de un libro teníamos un charla de algún personaje, o cualquier otra cosa. Viajar enriquece y todo lo que sea ver mundo enriquece más que una quiniela de 14.

Pero, y aquí está el motivo por el que se considera enfermedad, lejos de enriquecer esta experiencia acorta miras.

Cuando lo normal sería relacionar el conocer más con el comprender más, esta patología reduce el cerebro del enfermo hasta el tamaño de un grano de granada.

Es entonces cuando, llegado el momento del regreso a provincias (da igual que sea para un verano entero que para un breve fin de semana), parece que el enfermo sea oriundo de aquella capital y esté entrando por primera vez al pueblo.

"Pues en Granada hay bares hasta las mil", "pues en Granada hay decenas de discotecas", "pues en Granada si que hay cines, y teatros", "pues en Granada una vez casi follo", ...

Se dice que se han llegado a ver casos extremos en los que el enfermo exclamaba "Anda, qué arbolitos verdes más bonitos esos de ahí" Esos arbolitos, hijo mío, son los olivos que han estado apaleando tus padres para sacarle los euros que valen tus conciertos, teatros, y botellones varios.

Uno de los efecto principales de esta enfermedad es la ceguera permanente. La percepción del pueblo de origen se estanca en el día en que se fue de él. Da igual que toquen cinco grupos ese fin de semana, da igual que venga una compañía reputada de teatro, da igual que haya una exposición más que interesante: a partir del regreso "aquí nunca hay nada chulo".

Y escudados tras ese "aquí nunca hay nada" la ceguera se torna sordera. -Nene, esta noche ponen tal película, y luego podíamos a ir al concierto de los talycuales- "jo, si es que aquí nunca hay nada"- A ver, te estoy diciendo que...

Imposible hablar, y cuanto menos razonar. Nunca participan en lo que hay y si le ofreces diez te piden once.

La bueno de esta enfermedad es que dada su tipología se cura sola con el tiempo. Normalmente cuando el enfermo finaliza su etapa estudiantil y comienza la laboral. Ver que 800€ escasos no dan para un piso de alquiler en la Chana, que los conciertos a 50€ se pueden permitir como mucho una vez cada dos meses y que comer de tapas es un lujo semanal (con suerte).

Es entonces cuando el enfermo, en su pueblo natal, se sorprende de que haya conciertos, películas, teatros, tertulias literarias, ... cosas que "nunca" había visto.

Aquí pueden pasar dos cosas: en casos extraños el paciente no solo sana, sino que comienza a participar en las diversas actividades, las promueve e incluso crea las que son de su agrado. Aunque por lo general simplemente sigue asqueado duran mucho tiempo.

En mi humilde opinión no hay nada más sano ni reconfortante que darse cuenta de que falta algo e intentar ponerle remedio. Hacer por quedar con gente con tus mismos intereses y organizar lo que haya que organizar para llevarlas a cabo. Más fácil es, evidentemente, ir donde ya exista eso y así no tener que hacer nada. Si el bolsillo te lo permite chapeau, pero entonces no te quejes de que en tu pueblo no exista una oferta que te has negado a promover ni tan siquiera participando pasivamente como espectador.

Salud y suerte.