martes, 30 de octubre de 2012

Indiana Jones y la recuperación de la contraseña perdida


Las contraseñas son como los culos: cada uno tiene el suyo.

El problema es, en ambos casos, cuando se pierde. Pero pasemos de la metáfora culera, que daría lugar a demasiados juegos de palabras.

Todo empezó una fría tarde de octubre. Una clienta habitual (entrada en años, salida y vuelta a entrar) que usa el ordenador para charlar con sus amiguetes del imserso y poco más se topó de buenas a primeras con un mensaje acojonante: "Se ha intentado acceder a su cuenta y necesita ser verificada".

Tras explicarle que no es que nadie le tenga especial manía (yo no cuento, claro) sino que hay programas que se dedican a rastrear cuentas y, como si de una lotería se tratase, esta vez vez le ha tocado a ella; consigo que se tranquilice, pero inquietándome a mi más aún: "No, si mi hijo 'que es el que entiende' ha intentado recuperar la clave, pero no hay manera."

Con cara de giliflowers, como el captcha de la imagen, le pregunto qué es lo que ha hecho el hijo concretamente. Tras mil y una hipérboles, parábolas, circunloquios y rotondas de tres carriles la respuesta es clara: un mojón.

Con esto de la crisis, hay ocasiones en las que uno no tiene nada mejor que hacer que echar el rato en estos menesteres, así que ahí vamos, a la tarea de recuperar una contraseña de correo.Solicito la recuperación en el servidor y comenzamos a rellenar el formulario:

Yo: ¿Qué cuenta de correo pusísteis como reserva?
Clienta: Eso tu. Yo ninguna, que soy muy decente.
Yo: Vale, pasamos a la siguiente.

Yo: La pregunta de seguridad es "Lugar de nacimiento de mi madre"
Clienta: ¿De la tuya? Martos, ¿No?
Yo: No, tu madre!
Clienta: Oye, un respeto.
Yo: Qué dónde nació tu madre, pregunta esto.
Clienta: Bueno.... si murió hará ya veinte años!!
Yo: Si, pero nacería en algún sitio. A no ser, claro, que fuera como Gila o Mihura y tuviera que irse a nacer fuera por que su madre había salido de compras.
Clienta: Pues yo que se... en una cortijá...
Yo: Tienes que decirme lo que pusísteis como respuesta a la hora de dar de alta la cuenta.
Clienta: Pero si de eso hará ya más de siete años!!!
Yo: Tu madre, la madre que te parió, poca culpa tendrá la pobre, casi seguro que mantenía en aquellos tiempos su lugar de nacimiento.
Clienta: Pues yo que se, eso lo rellenó mi hijo, y nisiquiera llegó a conocerla.

Pasado el mal rato de la trajedia familiar prosigo con el botón de siguiente, que para sorpresa mía me deja pasar de página en lugar de darme una colleja.

Yo: Bien. Ahora necesito saber el asunto de alguno de los últimos correos que hayas enviado, el título. Será por ejemplo "fotos de las vacaciones" o "fotos del lugar de nacimiento de la madre que me trajo"
Clienta: Huyyyy, pues yo que se. Yo leo lo que me mandan y le doy a reenviar. Ya está.
Yo: Claro, y con ese volumen de intereactuación es normal que necesites recuperar la cuenta cuanto antes.

El botón de siguiente, sigue milagrosamente funcionando. Si me devuelve la clave probaré con la de Obama, fijo que cae al canto.

Yo: Bueno, seguimos. ¿A quién le has enviado los últimos correos? Todo esto a mi me la suda, sinceramente, pero el sistema tiene que comprobar que tu eres tu.
Clienta: Vale, vale. Pues no se... los últimos... a la Amparo, a Pepi la del Poncho y supongo que a Joaquín el calvo.
Yo: Cojonudo. ¿Sabes la dirección de correo? Tengo que poner la dirección, no como les llamaban en la escuela.
Clienta. Huy, pues no. Me se la de mi hijo, nosequé ochenta y seis punto com barra loquesea. Pero a ese no le escribo nunca, lo tengo al lado y sería de tontos.
Yo: de tontos o giliflowers como yo, nefesto.

Y nuevamente, cual puente sobre el río Kwai, el botón de siguiente se hunde y da paso a la siguiente pantalla: "Que ya si eso te mando un correo con lo que te averigüe, una vez hayamos confirmado los datos que nos envía".

Clienta: ¿Ya está? ¿Ya funciona?
Yo: Nada más lejos. Ahora tienen que confirmar la ingente cantidad de datos fidedignos que hemos proporcionado, comprobar que realmente coinciden con los de tu cuenta y en tal caso enviar una nueva contraseña.
Clienta: Bueno, entonces lo que hacemos es que te dejo el portátil y a ver si eres capaz de arreglarlo, que me tiene loca fallando cada dos por treintaysiete.

Y allá va, saliendo por la puerta, una clienta dudando de mi hombría reparadora.

Mientras yo me siento como Indiana Jones: tengo que recuperar un tesoro que el que lo enterró ya no está, el que tiene las pistas no sabe qué es, el que sabe el qué no sabe el como y el que sabe como no tiene ninguna de las informaciones anteriores y, precisamente por eso, a ver si "tiene cojones" de dar con él

Salud y suerte.

3 comentarios:

Senda dijo...

Hola, soy Senda. Me encanta todo lo que escribes es muy gracioso. Planteate escribir un libro con estas cosas.
Un saludo

El_Rafa dijo...

Tu que me lées con buenos ojos, tontorrona! ;-)

Gracias

Bea dijo...

Muy bueno!! jajajaja