jueves, 21 de noviembre de 2013

¿No es país para tontos?

La navidad está a la vuelta de la esquina y los afiladores de las campanillas de la registradora trabajan más que el que pone en hora el peluco de la Puerta del Sol. O incluso más que el dentista de Raphael para el anuncio de la lotería.

Y eso es bueno, se espera un pequeño resarcimiento a modo de arremate de un año nefasto y sería absurdo no intentar sacarle el máximo partido. Los que no podemos hacer mucho tratamos de tener un escaparate de lo más vistoso y con artículos llamativos. Así como exprimir lo máximo las redes sociales y el boca a boca a falta de parné para un anuncio televisivo.

Los "grandes" echan los restos con más o menos fortuna en televisión, prensa, radio, ... Explotando lo propio de estas fechas que se nos vienen encima: las vacaciones, el regreso a casa, la felicidad en familia, la solidaridad, la ilusión, las propuestas de mejora, la esperanza de un nuevo comienzo y demás paparruchas.

¿Todos? No. Una gran empresa que lo mismo te vende un cepillo de dientes recargable que un iPad se ha decantado por tirar a dar, donde más duelo. ¿Habrá sido sin mala intención? ¿Quizás yo lo he malinterpretado? ¿Hay malicia en mis opiniones? ¿Me quedaba mejor la barba larga? ¿De qué cojones estoy hablando?

Gallifante para el que haya reconocido a los amigos de Mensa, para los demás sólo recordar el eslogan con el que quieren conquistarnos en estas potitas fechas: No es país para tontos.

Y se quedan así tan anchos. ¿Ningún directivo se ha parado a pensar que, más allá del chiste fácil, la afirmación no puede estar más lejos de la realidad? Lamentablemente esa realidad es completamente opuestas: no es país para listos. De ahí que estén casi todos (mejorando lo presente) saliendo por patas de la piel de toro en pos de una teta de vaca que les de para comer alguna que otra vez al día. Y no son pocos, son 9 de cada 10 emigrantes los que tienen un título universitario. El décimo tal vez sea el licenciado en odontología que recomienda los chicles con mucha azúcar.

Ahora pónganse en el lugar, si es que no lo están ya, de este señor que vuelve a casa por navidad. Baja del tren mientras sus padres le comen a besos a la par que critican su pelo largo. Su novia quizás no vaya a recogerlo puede que por haberse aburrido de esperar o por que haya emigrado más lejos aún. Y llega a casa, aguanta las coñas de sus cuñados y cuando por fin se repanchinga en el sofá delante de la primera tele que escucha en su idioma en meses esta le grita "No es país para tontos".

¿Me estás hablando a mi? ¿Es a mí? Por que aquí no hay nadie más (quitando a los cuñados, los padres, las hermanas, la vecina que vino hace dos horas a por azúcar, la abuela que está acabando el jersey de punto, los catorce sobrinos y algún que otro prepúber no reconocido). Ahora si dan ganas de cortarse el pelo largo y dejarse una cresta TaxiDriveriana para acudir al centro de los amigos de Mensa más cercano.

Un poco de tacto, hijos míos. De tontos es gastarse una millonada en comprar horas de anuncios en televisión y no guardar ni un poquito para pagarle al publicista. Y, lo que es peor, es justificar (puede que sin ser la intención primera) que los tontos no tienen cabida en este país cuando lamentablemente son los únicos que siguen en sus escaños de siempre mientras los listos se buscan las lentejas.

Será  que me hago mayor y ya no cojo los chistes ni entiendo el "humor transgresor". Será que realmente soy tonto y por eso no me río. Será que busco en un eslogan algo más que "que rime con tonto y te pagamos". No se lo que será, pero en mi humilde opinión me parece una campaña de un mal gusto tremendo.

Y aquí termina la reflexión de hoy. ¿Qué moraleja podemos sacar de esto? Que el buen hacer y el buen gusto no se compra con dinero. Y que por muchos millones que manejes hay algo que jamás podrás tener...

¡¡Un dinosaurio!!


Salud y suerte.