martes, 10 de junio de 2014

Rebota, rebota... (o de vasos y aceitunas)

... y en tu culo explota.

Todo lo que pasa por varios procesos, sufre un desgaste. ¿Te suena eso de que la energía ni se crea ni se destruye sino que se transforma? Pues más o menos.

Pero como el universo es así de simplón, el resultado puede tener dos variantes: la del vaso o la de la aceituna.

Un vaso puede caerse una y mil veces, rayarse, astillarse... sufrirá lo indecible manteniéndose prácticamente intacto. Hasta que, evidentemente, tu lo coges con infinito cuidado y sin venir a cuento se hace añicos (o mesecicos, que son más pequeños). Esto pasa por dos motivos: porque la tensión superficial de cristal ha llegado ya a un punto en el que se rompre; y porque el universo, además de ser simplón, tiene tendencia a ser todo un hijoputa de cuidado.

También puedes tratar de pinchar una aceituna con un palillo. Agusto como un arbusto en la terraza del bar te apresuras a coger la última del plato. Imposible. Da vueltas, parece que si pero al final no, sufres  complejo de señor Miyagi cazando moscas con palillos. Una vez que desistes llega un listillo y a la primera atrapa la aceituna y la ingiere con desesperante parsimonia. Nótese el detalle de que en el caso del vaso es a ti a quien se le rompe, mientras que en este es otro el que se lleva la gloria. ¿Te he comentado lo mamoncete que es el universo en ocasiones? En este caso pueden haber pasado varias cosas. Que, como en el chiste, hayas dejado mareada e indefensa a la aceituna o, lo más probable, que gracias a la presión ejercida en varios puntos al azar se haya creado una superficie lo suficiente plana en la piel del fruto como para soportar el peso del siguiente palillo sin desplazarse.

Tanto en el caso de la aceituna como del  vaso... ¿Qué cojones me estás contanto? Pensarás con acierto. Poco, sinceramente, una mera reflexión sobre remarketing o retargeting sobre clientes potenciales pseudorehenes con experiencia o como carajos se llame en jerga marketiniana.

Estas últimas semanas han entrado varios clientes rebotados de otros establecimientos. Unos con razón y otros sin ella. Unos exigiendo una reparación económica y ultrarápida y otros simplemente pidiendo "que se quede en condiciones por lo que valga". En ocasiones no se puede reparar. Bien por que sean componentes excesivamente viejos y no compense o no existan ya, bien por que realmente no haya más remedio que sustituir la pieza que vale un capital.

Si no se arregla y te ha tocado el prisas, vaso a tomar por culo y tu a tragarte los cristales: "Sois todos unos estafadores, me habéis tenido sin portátil un mes (aunque yo sólo un día) y me tenéis hasta la ...". Si es el comprensivo bien compra otro equipo si puede y lo necesita, o bien vuelve a la otra tienda tras comprobar que su diagnóstico era correcto. Es más probable que, si se ha explicado tobo bien toque aceituna, pero ahí está la incertidumbre.

Si finalmente se repara, una vez aprobado el presupuesto. Si te ha toca el prisas lo más seguro es que se vaya enfadado por haber estado meses sin equipo, por haberse gastado un dineral "en idas y venidas" y, lo peor de todo, cualquier cosa que le suceda al equipo en los próximos cuarentaycinco años será culpa exclusivamente tuya por que todo empezó "cuando le tocaste ahí". Vaso al canto. Aquí si es de agradecer que sea el tranquilo y comprensivo quien toque. "Uf, menos mal, ya daba el equipo por perdido. Muchas gracias.". Las tres aceitunas en la tragaperras y premio extra: ha comparado, ha probado y ha obtenido el resultado deseado. Volverá, informará y recomendará.

En cualquier caso es complicado e, injustamente, requiere más atención un cliente que tal vez sea la primera vez que entra y afirma orgulloso que es "el único sitio que le queda", que atender a uno fiel de toda la vida.

Pero como estamos para atender, y no se puede prescindir de ningún cliente, hay que varear los olivos para que nos den aceitunas aunque tengamos las manos rajadas por los vasos.



Seguro que en tu trabajo también te ha pasado algo similar. Pues coméntanoslo, hijo mío, que aquí estamos para desahogarnos!!

Salud y suerte.

1 comentario:

Alfredo Luque dijo...

Tal vez si las aceitunas vinieran en concha como las de antes.....