miércoles, 25 de marzo de 2015

Ni tontos ni analfabetos: Si acaso acojonaos.

Hasta los mismísimos cojones de elecciones. Como todos, supongo. De hecho he tardado varios días en terminar de escribir este post. Mitad por no tener ganas, mitad porque el número de tacos era superior a la media permitida.

Y si, no es ninguna noticia ya, pero ha ganado el PSOE: Y es que los andaluces somos tontos, gilipollas, analfabetos, la Dory de buscando a Nemo, ....


Rajoy gobierna con absoluta, si, pero eso ya es otro cantar. Tampoco nadie lo votó ni se explica como lo consiguó.

El caso que nos ocupa es mucho más sangrante (si cabe). Y es que aquí se sigue votando al PSOE básicamente por miedo. Bueno, el 80% por miedo y el 20% restante por costumbre. Ambas cosas acojonan. Ya no me vale la excusa que hace treinta años era lo mejor que podía pasarnos. También lo fueron las hombreras, y ahí reaccionamos a tiempo.

En pleno siglo veintitantos, aún seguimos con los mismos miedos que hemos tenido durante estos 70 años de paz o incluso desde antes. Y es que hay una noción clarísima que parece que se nos olvida a todos: nosotros no tenemos que servir a los gobernantes, son ellos los que están al servicio del pueblo. Parece simple, pero ahí radica todo el problema.

-"Si no haces lo que has prometido, te echo" -"Si me echas te quedas sin curro, tu y tu familia"- Scarface se sentiría orgulloso y Coppola lo mismo hasta nos compra el guión. Lástima que estas amenazas no salen de la cansada voz de Marlon Brando, sino de la pizpireta Sabalete.

Aún así se puede pensar "Vale, los que curran para la Junta acojonados. Pero, ¿Y el resto?"

Pues el resto lo mismo. Si está en el paro lo habrán sacado para que entre cincuenta pinten dos pasos de peatones poco antes de las elecciones. Si no habrán hecho lo propio con su mujer, o su hijo o un primo... Si estás currando y has pedido alguna subvención (¿Os suena pactar con el diablo?) te insinuarán lo mismo. Si cobras el PER no podrás votan en contra de quien bajó a 20 las peonadas. Y así hasta la saciedad de la sociedad: si te has echado al bolsillo medio céntimo de la junta, te tienen cogido por los huevos.

Precisamente de huevos andamos sobrados. Y de ovarios. Nos lo han dado todo hecho y pensado durante muchos años, y el precio es enorme porque nadie leyó la letra pequeña. Nos han hecho creer que sin ellos no podemos hacer nada. Que para montar una empresa necesitamos sobvenciones. Es más, han montado oficinas para que nos digan cual pedir. Y si no pues nada, a opositar y ser funcionario para nunca moder la mano que alimenta.

¿Te acuerdas la primera vez que te fuiste a estudiar fuera? ¿Cuando comenzaste a vivir solo? ¿Cuando tuviste tu primer salario?

De primeras te parecería imposible, vivir sin el paraguas familiar. Y ojo, que sigue estando ahí, si no más de uno y más de mil se hubiera ido hace tiempo a tomar por culo.  Pero viste que se podía organizar una economía doméstica sin demasiados problemas. Sacrificios, si, pero grandes compensaciones.

Lo misma pasa en un gobierno, sea de la índole que sea. Tendremos que cooperar, hacer sacrificios (pero para nosotros, no para que otros se lo lleven crudo), tendremos que pensar y trabajar, y proponer y discutir. Pasaremos de estar cogidos por los huevos a tenerlos sobre la mesa a modo de centro artnouveau.

Tendremos que hacerlo nosotros en lugar de esperar a que nos lo den hecho. Y justo en ese momento, tendremos todo el control. No habrá cuatro gatos llenándose los bolsillos, estafando, amenazando.

Llegará un día (como decía en el post anterior pero al revés) en el que miremos a los ojos al gobernante de turno y le digamos "fuera macho, si no sabes no estorbes". Un día en el que no te mirarán raro por ser de otro partido. Un día en el que nadie podrá amenazarte más que por aquella foto loca del sábado tarde, pero nunca con quitarte el puesto de trabajo y el pan.

Llegará un día en el que estaremos tan orgullosos de lo conseguido que esperaremos ansiosos los memes y chascarrillos interneteros.

Pero hoy... ¡Que cojones! HOY es ese día. Y mañana, y el otro, y costará y sudaremos, y subiremos al monte y bajaremos al barranco. Pero, ¿Quién sabe? Los mismo dentro de algunos años llegan tus hijos y te dicen "¡Gracias, campeón!"

Salud y suerte.

viernes, 20 de marzo de 2015

Vértigo (de entre los vivos)

vértigo.
(Del lat. vertīgo, -ĭnis, movimiento circular).
1. m. Med. Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.
2. m. Med. Turbación del juicio, repentina y pasajera.
3. m. Apresuramiento anormal de la actividad de una persona o colectividad.
~ de la altura.
1. m. Psicol. Sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura o a que pueda precipitarse otra persona.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
 DRAE


El vértigo es una sensación que, aparte de lo que diga el diccionario, hace lo peor que se le puede hacer a una persona: sacarlo de su zona de confort.

El vértigo es caer, correr, girar, saltar, o todo lo contrario: estár completa y enfermizamente estático mientras el resto del universo cae, corre, gira o salta sin tenernos en cuenta.

Vértigo es mirar la cuenta del banco el día 16 del mes. Es ver pasar los días sin que venga ese cliente que "mañana sin falta me paso a pagarte", o aquel que te reservó material y parece desaparecido de la faz de la tierra.

Es ir pasando una hoja tras otra del calendario para volver a poner en diciembre: "Del año que viene no pasa".


Es darte cuenta de que hace casi cuarenta años desde aquella navidad de 1976 en la que apareció de repente un ombligo en tu panza.

Es borrar cincuenta páginas de tu novela para darte cuenta de que no vale ni la luz que gasta el ordenador.

Ese es el vértigo malo. El precipitarse, el ver como el suelo se las pela para venir a besarte los sesos.



Pero el vértigo, como todo lo que implica un cambio, no tiene porqué se malo. De hecho no lo es.

Vértigo es comprobar que lo que en su día era "una reunión de niñatos", hoy es un partido político con opciones más que reales.

Es ver que algo tan simple como un "bájame este vídeo para ponerlo mañana", se convierte en más de sesenta personas puestas en pié gritando "¡Si se puede!".

Es que se te salten las lágrimas viendo como por fín, tras décadas, son los peques del cole los que animan a los yayos que a su vez luchan porque sean esos peques los que tengan un futuro.  Y tu, en medio, te sientes alguien.

Es ver que, aficionando a tu hija grande a ver pelis de terror desde pequeña, te regala detalles como este. Proyectando en sí misma tus propios sueños de artista (¿Quién no los tiene?).

Es ver que al cantarle "Hijos de Caín" a tu hija pequeña (by the momment) te dice -"Anda, esa me la cantabas de pequeña!"- Y además cuenta hasta cinco en inglés.

Es ver que tu hija grande es cada vez más grande, y que la pequeña ascenderá en breve a mediana. Y que otra pequeña vendrá a resucitar a Barón Rojo y Pepe Risi para quedarse dormida.


Y sobre todo, lo mejor que tiene el vértigo, es que haces de ese cambio y de esa caída contínua, un hábitat natural.

Entonces te das cuenta que llevas más de una década currando para ti mismo, y te la suda si hoy va peor, porque ya irá mejor. ¡De peores hemos salido, y reforzados!

Te das cuenta que rozar los cuarenta es la edad perfecta para ponerte ese pendiente que llevas décadas aplazando. Y que no es más que un número.

Te das cuenta que lo que realmente importa es ver cómo todo crece a tu alrededor, y que tu eres parte de ellos. Que no esperas a verlas venir, sino que lo buscas y lo consigues.

Te das cuenta que, con sólo alargar la mano, puedes casi abrazar a tanta gente, y tan importante, que te dan ganas de gritar en la calle:

"Llegará un día en el que los impuestos y las deudas de los de arriba nos ahoguen, en el que los bancos se queden con tus higadillos para pagar las comisiones generadas, en el que seas tan viejo que no podrás ni mear de pié, en el que el oído o la cabeza no te permitan disfrutar de AC/DC, en el que dejes de escribir por no encontrar sentido a nada, en el que te des por vencido y tengas la falsa sensación de haber hecho todo lo que podías hacer."

"¡PERO HOY NO ES ESE DÍA!"



Y créeme cuando te digo que no será mañana ni pasado. Mientras aguantes el vértigo, mientras sepas orientarte viendo las burbujas de aire saliendo de tu tocha o mirando a las estrellas. Mientras seas consciente de que la marea (sea del color que sea) no arrastra, sino que acompaña. Mientras tengas con quién discutir, debatir y, sobretodo, gente que te enseñe, ese día no llegará.

Pero evidentemente, no será fácil aguantar tánto vértigo de contínuo. Y es que, y con esto me despido, parafraseando a los grandes clásicos: El camino hacia la cima es duro, si lo que quieres es Rock and Roll!!

Salud y suerte

miércoles, 4 de marzo de 2015

ReligiOFF

España es un estado aconfesional, se considera así desde 1978, con la aprobación de la Constitución Española
Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones
Constitución Española, art. 16.3

Mucho se ha hablado estos días sobre la asignatura de religión en los colegios. Mucho se ha hablado por ahí, que yo no había abierto aún la boca, y ya es mi turno.

Se habla mucho, también, de la relación entre ciencia y fe. Relación similar a la que puede haber entre capar ranas y El Señor de los Anillos, o entre la saga Crepúsculo y pillarse la picha con la cremallera. Bueno, esto último si es similar: duele y no quieres comentar con nadie que lo has vivido.

Pero, ¿Qué relación hay entre ciencia y fe? La fe, la religión, la superstición, la mitología... No son más que la rama de perejil que adorna el plato: sólo sirve para "tapar" algún hueco que quede a la vista.

Y los huecos se van llenando. A base de tiempo, de experiencia y de conocimiento. En la edad media (que para algunos viene siendo esta mañana) se llenaba todo de hojas de perejil, porque poco sabíamos de como hacer una buena deconstrucción de gazpacho en tres temperaturas.

Hasta ahí si era lógico echar mano de la religión. La ciencia poco alcanzaba para llenarnos el plato del conocimiento, y entonces entraba la religión y a base de ramas de perejil y cebolla caramelizaba rellenaba el plato.

Pero héteme aquí que al ser humano le dio por pensar. Poco, y a pocos. Pero suficiente para poder ir rellenando el plato y, si acaso, dejar unos palitos de pan para mojar sopas.

Y el tiempo, ese ser caprichoso que lo mismo manda a un McFly a tomar por culo al far west que nos devuelve la ropa de tu abuelo convertida en megatrendingchupiguay, ha dado uno de sus giros inesperados y nos ha devuelto a aquellos tiempos remotos en los que lo más trending era pasar por la barbacoa al astrónomo de turno.

Y tenemos, en las escuelas públicas, una asignatura de religión revisada y aumentada y digna del mismísimo Torque.

Ya se que muchos diréis: "Si no quieres que tu hija estudie religión, no la apuntes y asunto resuelto". Y no os falta razón. Pero lamentablemente tenemos que vivir en sociedad. Y tu pensión (la mía no, que soy autónomo) la pagará un chaval que comprenda, por ejemplo, el origen divino del cosmos. O sea consciente de como la mano de dios (del hombre de las estrellas, no del pelusa) ha ido guiando al ser humano en su historia y evolución.

¿De verás quieres eso? Ahora espérate que salga de clase de religión o entre en naturales (o conocimiento del medio o como cojones se llame eso ahora) y el profe le explique la evolución de las especies. ¡Qué especies ni que hostias!

O cuando entre en filosofía y se de cuenta de que algunos insensatos piensan que se puede alcanzar la felicidad por uno mismo. ¿Sin contar con el hombre de las estrellas? ¿Así a pelo? ¡Amos ya!


Y todo, para terminar de rizar el rizo, porque lo pone en una selección de las mejores historias (las que mejor encajan con lo que yo digo) que entre otras cosas hablan de un chaval que murió trescientos años antes. Olé. Biblia lo llaman, para abreviar. Ni Paco Umbral se ha empecinado tanto en hablar de su libro como estos señores.

Como todo en esta vida tiene su lado bueno, y es que os servirán los libros de texto de vuestros padres. De vuestros abuelos seguramente no, que estaban bastante más avanzados.

Así que, niños y niñas que aún tenéis acceso a esta herramienta del demonio que es internet, sabed ante todo dos cosas: que la religión no deja de ser una fantasía para explicar lo que la ciencia explicará más adelante; y que no hay cosa más sana que tener dudas. El adoctrinamiento y las soluciones a todo no son más que una exigencia del guión cuando el protagonista se va de la serie.

Y todos estos problemas, conste, a mi no me atañen. Porque, gracias a dios, sigo siendo ateo.

Salud y suerte.