viernes, 20 de marzo de 2015

Vértigo (de entre los vivos)

vértigo.
(Del lat. vertīgo, -ĭnis, movimiento circular).
1. m. Med. Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.
2. m. Med. Turbación del juicio, repentina y pasajera.
3. m. Apresuramiento anormal de la actividad de una persona o colectividad.
~ de la altura.
1. m. Psicol. Sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura o a que pueda precipitarse otra persona.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
 DRAE


El vértigo es una sensación que, aparte de lo que diga el diccionario, hace lo peor que se le puede hacer a una persona: sacarlo de su zona de confort.

El vértigo es caer, correr, girar, saltar, o todo lo contrario: estár completa y enfermizamente estático mientras el resto del universo cae, corre, gira o salta sin tenernos en cuenta.

Vértigo es mirar la cuenta del banco el día 16 del mes. Es ver pasar los días sin que venga ese cliente que "mañana sin falta me paso a pagarte", o aquel que te reservó material y parece desaparecido de la faz de la tierra.

Es ir pasando una hoja tras otra del calendario para volver a poner en diciembre: "Del año que viene no pasa".


Es darte cuenta de que hace casi cuarenta años desde aquella navidad de 1976 en la que apareció de repente un ombligo en tu panza.

Es borrar cincuenta páginas de tu novela para darte cuenta de que no vale ni la luz que gasta el ordenador.

Ese es el vértigo malo. El precipitarse, el ver como el suelo se las pela para venir a besarte los sesos.



Pero el vértigo, como todo lo que implica un cambio, no tiene porqué se malo. De hecho no lo es.

Vértigo es comprobar que lo que en su día era "una reunión de niñatos", hoy es un partido político con opciones más que reales.

Es ver que algo tan simple como un "bájame este vídeo para ponerlo mañana", se convierte en más de sesenta personas puestas en pié gritando "¡Si se puede!".

Es que se te salten las lágrimas viendo como por fín, tras décadas, son los peques del cole los que animan a los yayos que a su vez luchan porque sean esos peques los que tengan un futuro.  Y tu, en medio, te sientes alguien.

Es ver que, aficionando a tu hija grande a ver pelis de terror desde pequeña, te regala detalles como este. Proyectando en sí misma tus propios sueños de artista (¿Quién no los tiene?).

Es ver que al cantarle "Hijos de Caín" a tu hija pequeña (by the momment) te dice -"Anda, esa me la cantabas de pequeña!"- Y además cuenta hasta cinco en inglés.

Es ver que tu hija grande es cada vez más grande, y que la pequeña ascenderá en breve a mediana. Y que otra pequeña vendrá a resucitar a Barón Rojo y Pepe Risi para quedarse dormida.


Y sobre todo, lo mejor que tiene el vértigo, es que haces de ese cambio y de esa caída contínua, un hábitat natural.

Entonces te das cuenta que llevas más de una década currando para ti mismo, y te la suda si hoy va peor, porque ya irá mejor. ¡De peores hemos salido, y reforzados!

Te das cuenta que rozar los cuarenta es la edad perfecta para ponerte ese pendiente que llevas décadas aplazando. Y que no es más que un número.

Te das cuenta que lo que realmente importa es ver cómo todo crece a tu alrededor, y que tu eres parte de ellos. Que no esperas a verlas venir, sino que lo buscas y lo consigues.

Te das cuenta que, con sólo alargar la mano, puedes casi abrazar a tanta gente, y tan importante, que te dan ganas de gritar en la calle:

"Llegará un día en el que los impuestos y las deudas de los de arriba nos ahoguen, en el que los bancos se queden con tus higadillos para pagar las comisiones generadas, en el que seas tan viejo que no podrás ni mear de pié, en el que el oído o la cabeza no te permitan disfrutar de AC/DC, en el que dejes de escribir por no encontrar sentido a nada, en el que te des por vencido y tengas la falsa sensación de haber hecho todo lo que podías hacer."

"¡PERO HOY NO ES ESE DÍA!"



Y créeme cuando te digo que no será mañana ni pasado. Mientras aguantes el vértigo, mientras sepas orientarte viendo las burbujas de aire saliendo de tu tocha o mirando a las estrellas. Mientras seas consciente de que la marea (sea del color que sea) no arrastra, sino que acompaña. Mientras tengas con quién discutir, debatir y, sobretodo, gente que te enseñe, ese día no llegará.

Pero evidentemente, no será fácil aguantar tánto vértigo de contínuo. Y es que, y con esto me despido, parafraseando a los grandes clásicos: El camino hacia la cima es duro, si lo que quieres es Rock and Roll!!

Salud y suerte

No hay comentarios: