viernes, 24 de abril de 2015

El Diablo Viste de Bits

"¡Internet, oh internet! Demonio de demonios. Internet, hijo de Arpanet. Heredero de la compartición y asesino de la cultura."

Llevo muuucho tiempo escuchando lo mismo. Y recientemente en ámbitos más cercanos (¿Qué ironía lo de cercano refiriéndonos a internet, no?).

Los adalides de la cultura, los defensores a ultranza de las tradiciones, los que abogan por mantener el mismo formato de mercado del siglo pasado,... Todos ellos acusan a ese viejo Uruk-Hai feo llamado internet de tratar de aniquilarlos. Y yo: que de cultura se lo justo para sacarme el DNI, de tradición lo preciso para saber qué dias cerrar por festivo, y de mercados sólo conozco a Rosendo; me planteo las causas de ese odio ancestral.

Lo entiendo, claro está. Pero por mi trabajo lo veo de manera distinta. Empezaré por mí (que para eso el blog es mío) y luego hablaré del resto.

¿Me afecta a mi la información que corre libre por internet? Pues si, y no. Yo no lo se todo, mucho si. Y no por ser más listo, sino por llevar más años haciendo lo mismo.Y una cantidad grande, enorme, de esa experiencia y ese conocimiento lo he adquirido a través de internet. Manuales, tutoriales, vídeos, guías, .... todo al alcance de todos. ¿La diferencia? Ponerse manos a la obra y hacerlo.

Tengo clientes que me han traído un tablet, me han traído la pantalla de repuesto que han comprado por ahí y hasta me han impreso las instrucciones para cambiarla: "Pero yo no tengo ni herramientas ni puta idea de hacerlo". No problem, trabajo hecho, trabajo cobrado.

Pero claro, en el mundo de la cultura es distinto. Todo escritor escribe sóla y exclusivamente historias inspirado por sus propias ideas y los libros que ha leído tras comprarlos. O las pelis que ha pagado por ver en el cine o DVD. Ningún lector acérrimo, transformado ahora en escritor, ha pedido jamás un libro prestado o lo ha leído en la biblioteca.

Pero espérate, que a lo mejor estás diciendo "no es lo mismo prestarle un libro a un amigo, que a cienmil desconocidos". Vale, si, no es lo mismo. Pero es igual.

Aunque el internet ese, además de robarte los yogures que aún no han caducado de la nevera, también te sirve para hacer promoción... Oh Wait!

Tal vez ni uno sólo de los escritores actuales tiene cuanta en twitter o facebook o google plus (bueno, esta última no sirve para el ejemplo). Seguramente nisiquiera tenga una página web dónde hable y comente sobre sus libros y donde los lectores interactúen y debatan. Y además ¡¡¡Pretendan hacerlo gratis!!!

El caso es que las ventas (sea en el formato que sea) de libros han aumentado. Y, míra tu por dónde, están bajando la de ebooks a favor de los impresos en árbol muerto.

En parte gracias a la autoedición. Ese monstruo creado por el intenné que permite a un escritor ver su libro puesto a la venta sin necesidad de un chulo que lo putée. Y promocionándolo el solico a través de, oh cielos, internet.

Así que tenemos a muchos escritores y culturetas varios maldiciendo la red. Creadores que (al menos en los ejemplos que estoy pensando) serían bien poco si no hubieran llegado a esos seguidores en facebook o suscriptores a su blog o... Creadores, en resumen, que aprovecharon todo el potencial de la red para su propio beneficio pero reniegan de él cuando le tocan el bolsillo.

Y con la iglesia hemos topado. ¿Mil libros míos descargados son mil libros que he dejado de vender? Nada más lejos. Son mil criaturas que me han conocido y que, seguramente, no lo hubieran hecho sólo con ver una portada en una estantería.

Para entender esto sólo hay una forma: conocerse a uno mismo y saber valorarse. Yo no soy mi libro (entre otras cosas porque sólo tengo dos, y ninguno terminado aún), ni soy mis posts, ni soy mis podcasts, ni soy mis actualizaciones de estado. Todo ese se puede copiar, compartir, multiplicar, lo que sea. Igual que yo he hecho en mil y una ocasiones. Si tuviera que reducir mi experiencia y conocimiento al adquirido previo pago, ahora mismo sería el chaval más gordo de primaria.

Así que escritores y creadores en general: aprovechad los medios que tenéis a vuestro alcance. Exprimidlos, disfrutad de ellos y sacadle el máximo partido. No penséis en que perdéis ventas, sino en que ganáis seguidores. No toméis por robo el uso de una red que tu mismo usas para promocionarte. ¿Cuanto te cobra tu editorial, si la tienes, por la promoción de tu libro? ¿Cuanto es ese importe pasado a ejemplares? ¿Cuantos de esos ejemplares podrías "sacrificar" por tener a alguien que te admire y recomiende?

Ya pasaron los años del vendedor de hielo por las calles. Ya pasaron, o casi, los años de las cabinas de teléfonos con cola de espera. Ahora es el tiempo de salir a la calle, plantarte con veinte libros en una feria y hablar con tus lectores. El tiempo de desvirtualizar al lector y de convertir un hilo de un foro en una charla cara a cara.

Y en este tiempo internet es la mejor herramienta que tienes

El boca a boca es un bit a bit. Yo gano, porque si me gusta tu libro iré a ver tu siguiente presentación y me llevaré un ejemplar en árbol muerto firmado. Tu ganas porque guardaré y regalaré tus libros. El librero gana porque ha sabido adaptarse y si te conoce recomienda y vende mejor tus libros. Y, sobre todo, tu libro gana porque llega a mucha más gente.

Y ya, a modo de conclusión. Compra lo que te salga de la polla, descárgate lo que te salga de los cojones, suelta tacos en tu blog que siempre viste (este consejo es mío, no hay que seguirlo) y, sobre todo, respeta a tus seguidores porque son ellos, y nadie más, quien hará de ti un gran creador. No les llames ladrones, que queda feo. A no ser, claro, que tengas lectores que se dediquen a la política, pero esto ya es harina de otro costal.

Salud y suerte.

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