lunes, 25 de mayo de 2015

Las Gafas Mágicas

A veces ni con mil gafas se ve lo que se espera
Como cada noche, y para evitar poner "los dibus en el móvil", le contaba a mi hija (la mediana, Hobbit que la llamo en la intimidad) los cuentos que me iba pidiendo. Normalmente le pregunto "¿Qué cuento quieres hoy?" Entonces mira a su alrededor y me plantea un argumento de los más inverosímil: "el del plátano que quería ir al circo de la sartén pero no quería que nadie se comera el bocadillo". ¿Os he dicho que cenamos en la cocina?

El caso es que anoche tocó el cuento de "las gafas mágicas que sólo veían cosas chulas". Resumiré el cuento, que duró nada más y nada menos que todo un plato de sopa de pescado y un yogurt. Básicamente se trataba de alguien que, al ponerse las gafas mágicas, veía lo que quería ver. Miraba su pequeña scooter pero realmente veía toda una Harley Electra (si, lo se, siempre meto algo autobiográfico en mis narraciones). O, por ejemplo, miraba un arbusto pero veía a través de sus gafas todo un árbol feo de grande que daba una sombra fresquísima y frutos de todos los gustos y sabores. Lo mismo manzanas que sandias que pizzas.

Pero, y he aquí la obligada moraleja de este tipo de cuentos, todo aquello era falso, era solamente una ilusión. Así cuando el porteador de las gafas trataba de comerse una manzana de su superárbol, realmente se estaba comiendo un panal de abejas que le picaron por dentro de la barriga. Entonces decidió quitarse las gafas y pensó: si quiero un árbol grande tengo que plantarlo, regarlo, cuidarlo, abonarlo... Porque si no lo hago yo no lo harán unas gafas. Y aunque con ellas lo vea fantabuloso no dejará de ser una mera ilusión.

Luego llegaron las preguntas: ¿Y si lo que quiero es que mi muñeca vuele más alto que ninguna? Pues tendrás que tirarla con más fuerza. ¿Y si quiero ser la que más corra de la clase? Pues tendrás que entrenar mucho, todos los días, y al final conseguirás serlo.

Y como el colmo de un cuenta cuentos es contar que una vez contó un cuento, vamos al grano de este post. Y es la extrapolación de las gafas mágicas.

Anoche, tras los recuentos electorales y esas cosas de la fiesta de la democracia, resultó que ganaron los de siempre, como siempre, y además con mayoría absoluta. ¡No me lo puedo creer! se escuchaba en las redes, en los whatsapps, ... Pues si, créetelo, ganaron. Y además con más votos que hace cuatro años.

¿Las causas? No seré yo quien me meta ahora a analista político, pero como mero observador y escuchador si que me doy cuenta de muchas cosas.

Muchos daban por ganador al principal partido de la oposición, que ha terminado perdiendo votos y un concejal. Otros vaticinaban un batacazo del tercer jugador, que finalmente ha ganado otro concejal asumar al que tenía antes, aun perdiendo unos pocos votos, cosas del señor Hont.

Aunque si ha habido un empate técnico, y más sangrante que el hecho de que gane uno u otro. Y no ha sido otro que la participación: 50%

Así que a la mitad del pueblo se la suda quien gobierne. De la mitad que participa, una mitad ha preferido el "virgencita que me quede como estoy". Así que un cuarto es el que ha puesto en el excelentísimo a los que lo moran.

¿Y el otro 75%?

Pues quitando a unos pocos, el resto llevaba sus gafas mágicas. Veía, leía, maquinaba, sopesaba, opinaba, concluía, razonaba... todo desde una óptica completamente irreal.

Y entonces, como preguntaría mi Estrella: ¿Qué hay que hacer si quieres que, por una vez en la vida, cambie el partido que gobierna? Pues dos cosas: Votar y Actuar.

La primera es más que sencilla, y apenas se te van cinco minutos en hacerla. La segunda es más complicada. Más aún cuando nos echan a pelear como leones en el circo para disfrute de los patricios.

Pero lo hecho hecho está.

Ahora tenemos cuatro años por delante para regar el árbol que queramos ver grande después, para entrenar y ser los que más corramos y saltemos.

¿Qué harás tu? ¿Te pondrás tus gafas para luego sorprenderte de que el árbol no de tanta sombra como creías, o te arremangarás para aprovechar las raices fuertes y ayudarlo a crecer?

Hemos visto los resultados en Barcelona, en Madrid, y, cual NEO quitándose las gafas de MATRIX podemos decir:

No he venido para deciros cómo acabará todo esto. Al contrario, he venido a deciros cómo va a comenzar. Voy a colgar el teléfono y luego voy a enseñarles a todos lo que vosotros no queráis que vean. Les enseñaré un mundo sin vosotros. Un mundo sin reglas y sin controles, sin límites ni fronteras. Un mundo donde cualquier cosa sea posible. Lo que hagamos después es una decisión que dejo en vuestras manos.

Salud y suerte.

1 comentario:

ruyelcid dijo...

Estas cosillas deberían aparecer en primera plana... ¡PAREN LAS ROTATIVAS!