sábado, 13 de junio de 2015

Pacto de las Llamas (pastiche cuentil)

La Ratita Presumida barría la puerta de su casa durante horas y horas para que todos los pretendientes la vieran con su precioso lazito nuevo. Los iba echando uno tras otro. Que si tu roncas, que si tu hueles, que si llámame cuando tengas veinte años más, que si cuando veinte menos...

Mientras, al otro lado del bosque, el padre de Bambi comenzaba a sospechar que ese olorcillo que venía de lejos podría ser un fuego. Y en un bosque, traer un fuego es casi peor que contratar a un familiar para que pinche en tu boda.

El problema era, amén del fuego, que la única vía de escape era por el río. Y la ratita presumida no podía pasar sola. Necesitaba una pareja que la ayudara, así que volvió a la puerta a lucir su lazo y esperar verlos venir.


"Pero, WTF!!!" decía la ratita en un perfecto inglés. Nadie venía. Bambi y su
padre habían conseguido pasar ya a algunos animales al lado seguro del río. Pero aún quedaban muchos.

Los leones y las leonas se iban turnando quien iba sobre y quien bajo el río, y consiguieron llegar. Muchos castores encontraron, de repente, que todos los animales los querían. Claro, eran fuertes y capaces de llevar a un par de ellos de un lado a otro.

Y la ratita seguía en la puerta de su casa. El fuego aún llegaba a su casa, pero el tiempo corría y era cuestión de horas que lo hiciera. Tiró de Whatsapp y llamó a viejos pretendientes.

-¿Te quieres casar conmigo?- le dijo al primero. -No, que la última vez me echaste sin dar explicaciones- contestó.-

-¿Te quieres casar conmigo?- le preguntó al siguiente que pasó. -Bueno, pero se que es sólo para que te ayude a cruzar el río. Así que tendrás que quitarte tu lazito. Habrá a quien le guste, pero cuando se moje en el río pesará y te hundirá. Si lo dejas aquí yo te llevo.- Entonces la ratita, orgullosa de su lazo, respondió con máxima educación -¡Y un mojón así de gordo!-

Pasaron las horas y el fuego estaba ya sobre su casa. Bambi fue corriendo a avisarla: -Amos, copón, que sólo queda tu. Y mira que fuiste la primera en pensar en salir-.

Así que cogió al primer pretendiente que tenía en la agenda, el primero en venir. Y, a costa de mantener su lazito, aceptó el resto de condiciones.

In Extremis pudo cruzar el río y se libró de morir pasto de las llamas. Bambi y su padre pudieron respirar contentos y, a los pocos días, volvieron todos contentos y felices al bosque. Estaba chumarrascao, pero aún seguía siendo habitable.

¿Qué pasará ahora? ¿Querrá realmente la ratita convivir con su pareja una vez pase el peligro? Se arrepentirá y maldecirá su precioso lazo?

¿Qui lo sa?


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