martes, 29 de diciembre de 2015

Queridas reinas magas: (Las 3 reglas de la felicidad)

Lo dije hace tiempo, y paso de buscar el link para obligaros a navegar por este prodigio del pensamiento moderno que es mi blog, que Gloria Fuertes y yo tenemos muchas cosas en común.

Amén de los gustos, digamos privados, ambos creíamos en las tres reinas magas. Y si, la Infame Carmena también se ha unido a este selecto grupo. Pero ese tema lo dejaremos aparte, una vez que los alcaldes machotes acaben de darse cabezazos contra la pared de la realidad tal vez lo retomemos.

El caso es que a la hora de pedir, no digo ya regalos, sino deseos, es de agradecer que sean reinas y no reyes quienes los concedan. No por temas puramente de género, sino por la simple esencia del deseo que no es más que la consciencia de aquello que se necesita para seguir adelante.

Entonces me dí cuenta. No necesito una moto para seguir adelante, ni una casa con patio y huerto para sentarme a escribir la novela de mi vida. Necesito un trabajo que me permita acceder a ello. No necesito vacaciones, sino un trabajo que me permita poder parar en seco unas semanas con la tranquilidad que de que, al regresar, no voy a tener que andar mendigando para ponerme al día.

¿Y eso no me lo puede dar un Rey Mago? Pues si. De hecho "mi Rey Mago" (no voy a hacer spoiler mentando a mi progenitor) me enseñó que trabajar duro lo puede hacer cualquiera, pero darle ese "toque personal, intransferible y completamente único" sólo está al alcance de unos pocos. Y que el que realmente importa no es el jefe ni el mandamás, si no al que se le echa en falta cuando no está. Marcar la diferencias es "simplemente" eso. Así de sencillo y así de imposible.

Retomando al tema de ls reinas magas, tengo tres. O cinco, o diez, según se mire. Pero centrándonos en las tres principales, que vienen siendo mis tres maravillosas hijas, me han hecho tres regalos como las tres Reinas Magas que son. Y de ser capaz de llevarlos a la práctica me permitirían dejar de pedir una moto o un viaja para pasar a permitirme comprarme una moto y hacer un viaje.

Siguiendo un orden FIFO, las enseñanzas vienen siendo:

1.- Da igual los medios que tengas. Si tienes la idea, las ganas y los suficientes amigos que compartan tu pasión, se acaba materializando. Esto suena mucho a Disney, pero nada más lejos. En ocasiones es tan difícilmente sencillo como decirle a quien te acompaña: No, mira, perdona. Pero no vas hacia donde yo quiero ir, así que seguiré mi camino y lo mismo nos encontramos después.

Pero ya, tan mayores que estamos, ¿A que cuesta mucho eso de decirle a un amigo o a un socio eso de "tenemos distintos caminos, es hora de separarse"? Ese punto de timidez, o de miedo al cambio, nos hace anclarnos dónde no queremos estar. Y de ahí en adelante nada bueno puede suceder.Y ojo, que tampoco me refiero a mandarlos a todos a buscar setas. Pero igual que hay una ropa y una colonia para cada ocasión, (¿La hay?) también hay juntas para cada ocasión.

2.- Si no es "jugable", no me interesa. Y es que, aunque la gamificación está tan de moda, no contempla algo tan sencillo como Las Misiones. Y no me refiero a traernos el oro Azteca y tapar con cruces los expolios. Sino a dividir las tareas, cuantificarlas, y obtener la consecuente recompensa.

Bien es cierto, que ya de adulto, se sabe que las recompensas vienen tarde. O en tres pagos: tarde, mal y nunca. Pero al menos, ¡Hagámos esas misiones! Tener cuatro equipos en el taller, en plena campaña navideña, puede ser un engorro. Pero tener cuatro misiones que completar durante el día es algo muy distinto. Los que somos básicos nos conformamos con una pizza como premio. Aunque, ¿Qué me dices de un "¡Gracias!"? Tal vez no es un premio ambicioso, Pero cuando lo recibes.. caramba, ¡Cómo cambia el cuento! Y es que hay que saber encontrar las recompensas (que no siempre son dadas clara y voluntariamente) y apreciarlas. O más sencillo aún: ¿He reparado este equipo? Pues cigarrico pal pecho.

3.- La pirámide de Maslow tiene menos peldaños de lo que pensabas. ¿Realmente necesitas un chalet en la playa, con un yate en el embarcadero? ¿Realmente necesitas esa Harley? ¿No te haría el mismo apaño un vespino en la puerta de tu casa para ir y venir del curro y seguro que no te lo roban?

Si tienes donde dormir, dónde comer, dónde jugar y dónde sentirte arropado... What else? Si, que hay cosas que molan mazo. Pero acuérdate de aquella partida al mus con los cuatro colegas en el brasero de ascuas. ¿Precio? Unos pocos euros de la baraja, otros tantos en cerveza y algo de leña. ¿No fue una noche genial y os dieron las tantas de la mañana? (Puedes cambiar mus por el Magic, o trivial, o...) Y es que las mejores cosas no tienen que costar mucho. Tampoco te digo que sólo puedas jugar a los chinos, y prohibido el padel, pero si que puede ser más placentero pasear en Vespa por la Martina que correr con una CBRRRRR de mil millones de cc en el circuito de Jeréz.


Así que, resumiendo, aquí tienes las por tanto tiempo aneladas y ocultadas por el sistema 3 REGLAS DE LA FELICIDAD: 

-Rodéate de gente que te aporte y te permita aportar.
-Reduce hasta lo manejable, y autoprémiate.
-Define tu mínimo vital.


Tan sumamente sencillo, y tan extremadamente complicado. En caso de no tener clara alguna regla, o saber exactamente como proceder, hay una solución más que efectiva: habla con cual criaturilla de cuatro a siete años. Tal vez sea una especie de sabiduría ancestral que tenemos en la sangre y perdemos al hacernos mayores, pero sabes más que uno de aquí a lima.

Salud y suerte.