martes, 29 de noviembre de 2016

El Efecto Gaseosa y el Efecto Cosa Sosa

Como experto en psicología y pedagogía, experteduría que me otorga el estar matriculado de primero y haberme leído un libro ya casi entero, os voy a deleitar hoy con un debate que, lamentablemente, nos lleva ya miles de años: ¿Porqué la peña se apunta el primer día y luego ya no vuelve?

La respuesta primera sería muy sencilla: porque no le sale de los huevos. Cierto es que, quien  más y quien menos, ha iniciado actividades que jamás concluyó: un puzzle de taitantas piezas, un arroz que terminó convertido en secretaria, una novela mal recomendada o incluso un documental de la dos o la vuelta ciclist a la hora de la siesta.

¿De quién es la culpa? Y yo que sé, pero de eso vamos a tratar. Antes, pongámonos en antecedentes: se inicia una actividad, el primer día acude bastante gente. Chachi. En los comentarios en redes, y en el propio acto, se celebra la asistencia. Pero se matiza con un "esperemos poder seguir y que no sufra el efecto gaseosa tan típico de este pueblo". Cagámosla, Carlos (que diría Luis Moya).

El efecto gaseosa es, como bien sabréis, la efervescencia primera que acaba convertida en un goteo a los pocos segundos. Y en una mancha horrorosa de justificar en los pantalones al poco tiempo.

Ese efecto es innato e inherente en un amplio porcentaje de los casos. Está el chavalín que acude el primer día de clase al cole pleno de entusiasmo y lloriquea al siguiente día: ¿Pero... otra vez hay que ir? Quien piensa que va a otra cosa distinta bien por falta de información o bien de entendimiento Ah, ¿Que el búlgaro era un idioma? Quien va para hacerse la foto inaugural y una vez enmarcada pierde cualquier atisbo de interés. Todo esto se englobaría en el efecto gaseosa nivel 1. También llamado nivel de la colección de fascículos: con el primero, que es más barato y vienen dos piezas, va que chuta.

Ante eso no se puede hacer nada. Y se sabe. Y se entiende que si el primer día han acudido veinte personas, sería para darse con un canto en los dientes que repitieran en un segundo un 50%.

Luego está el desinchamiento. El gas ha salido y sólo queda una botella medio... media. Una botella media. Entonces se plantean dos opciones: seguir o abandonar.

Si abandonas lo tienes fácil, la culpa es del resto. Evidentemente. Si nadie me apoya es porque no saben o no me entienden o soy un avanzado a mis tiempos. Si sigues corres el riesgo de darte cuenta de las razones.

Luego está el efecto gaseosa nivel 2. No es por postureo, no es por desconocimiento, no es por dejadez. Es simplemente  que tras un inicio magistralmente currado, el resto no mantiene el nivel. Es normal. Aceptamos el nivel 1 con resignación. Por lo tanto se prepara un primer fascículo (o clase o charla o lo que encarte) con todo el cariño del mundo, perdiendo mil horas de tiempo y hasta dinero. Se han dado casos de gente que ha llevado magdalenas incluso acompañadas de arresoli. Pero luego topamos con la cruda realidad: el segundo día es lo que es. No son dádivas, no son invitaciones. Es pura y llanamente el motivo del evento. A lo mejor el evento era de cine, y el primer día se analizó Indiana Jones en Busca del Arca Perdida, pero al segundo fue Indiana Jones y la Calavera de Cristal. . Ahí descartamos el factor externo. Simplemente lo que ha pasado es una bajada de nivel digna Alcatraz o cosas por el estilo.

Técnicamente no se puede hablar del consabido Efecto Gaseosa. Aquí usaríamos esa expresión tan coherente de "Arrancá de macho, pará de burro". El problema es exclusivo del contenido. El listón, que no es ese señor con gafas que está siempre leyendo, siempre está alto al comenzar, pero hay que saber adaptarlo.

Y luego ya vienen los altibajos normales, a los que llamaremos efecto gaseosa nivel 3. En estos casos suceden cosas peculiares como que tal día se realice una actividad y no aparezca ni Perry. Sin embargo a la siguiente el pleno sea tal que hay hasta que barrer los pies para que la peña se las pire.

Tengo la inmensa fortuna de colaborar (behind the scene) con la chavalada de Entre Aldonzas y Alonsos. Hacemos lecturas públicas y periódicas de cuando en vez en el Casablanca. En ocasiones la asistencia ha sido de unas cuatro personas: dos que leían, yo, y Julián. En otros casos se ha llenado hasta la bandera. Que ya tiene mérito porque poca gente crée en las banderas allí. ¿El secreto? La constancia. No hay más. No se puede dejar algo a las primeras de cambio. No se puede culpar al universo mundo de que no te haya ido bien. Como hemos visto antes sólo hay dos motivos: que no interese o que se plantée mal. En el primer caso siempre se puede recular teniendo como único límite la esencia del evento. Evidentemente habría siempre un lleno absoluto si se regalara una tele de mil pulgadas a cada asistente. En el segundo, y lo digo por experiencia propia, es la experiencia la que te va guiando.

Así que, resumiendo: Cuando alguien diga que "en este pueblo no se puede hacer nada" eres libre de collejear al emisor de semejante enunciado. Se puede y se debe. Pero para eso tienes que cononcer muy bien tu proyecto y, sobre todo, tu audiencia. Y sólo hay una clave: paciencia, constancia y actualización.

Salud y suerte.