martes, 1 de agosto de 2017

Teatro... ¡Me ato!

A la vejez, viruelas, que dicen por ahí.
Este humilde servidor sufre, desde tiempos inmemoriales, una extraña enfermedad ficticia que le impide hablar en público. ¿La razón? Timidez extrema galopante. Inseguridad no es, cada palabra que he escrito la he escrito con conocimiento de causa, pero jamás he sido capaz de leerla en público. Delegar esa función me ha permitido participar, manquesea en un segundo plano, en cada lectura del ese flamante grupo al que pertenezco.

Las más de las veces el resultado fue satisfactorio, incluso mejorando el original. En alguna que otra ocasión se me quedó el regomello de "esta parte debería de ser con tal entonación" o "el énfasis era en esta frase, no en esa". ¿Qué podía hacer yo? ¿Leerlo? Sería lo lógico, pero ya he comentado lo de mi dolencia y tal.

Un día me envalentoné, efectos secundarios de la medicación, seguramente, y le dije a mi amiguete Nono: "hoygan, ustedes que son gentes del teatro y esas zarandajas, ¿No podría echarme una manica para tratar de conseguir hablar an público?". Ahí quedó la cosa.