miércoles, 10 de julio de 2019

Suzuki, Mizuki

Cosas de la vida, hoy me ha dado por pensar en lo único que pienso últimamente: mi moto.

No es que sea un motero de esos de toda la vida, ni mucho menos, ojalá. Pero circunstancias de la vida me han llevado a usar como vehículo un biciclo a motor en alguna que otra ocasión.

Todo comenzó allá por el año 2005 de nuestra era. Para ponernos en antecedentes gobernaba Víboras en el excelentísimo de Alcalá y tuvo a bien construir un parking subterráneo frente a San Antón. Teniendo una de las arterias principales del pueblo completamente bloqueada dio como resultado el tráfico digno de magna urbe.



Como tenía el por entonces conocido como A2 -el de moto gorda, para entendernos- sin estrenar pensé que sería buena idea darle uso. De motos tenía el mismo conocimiento que de capar ranas, tan solo tenía por seguro que la que quería tenía que ser normal. Olé nivelazo. Cuando digo normal me refiero a la que pintaría un infante si le dices que dibuje una moto. Sin tener ni idea de cilindradas ni potencias ni dónde estaba el cenicero me hice con una Suzuki Marauder 250.

En tiempos de siesta cualquier superficie es sofá
Enorme, gigantesca, titánica. Espatarrangao en la custom me parecía ocupar carril y medio cuando iba por el llanillo. El manillar a mil metros del suelo y yo con más pinta de estar viendo los documentales de las dos en el sofá que de conducir una moto. Misteriosamente a los pocos meses encogió sobremanera haciéndome buscar otra montura como si pudiera permitirme semejante cosa.

Pese a ser relativamente pequeña le di uso y abuso. Concentraciones cada fin de semana, paseos con mi grupo de "Marauderos" (aún conservo la camiseta que me vuelve a entrar tras una década guardada en el armario), viaje a Pingüinos en su 25º aniversario, la Ruta de la Plata, ... Cargado con las alforjas, el baúl y el asiento del pasajero hasta los mochos disfruté like a pig por esas carreteras del señor (del señor Fomento).

Pero quiso el destino que un coche no me viera al salir de un ceda el paso y no cedió ni el paso ni nada. Rodilla ligeramente dañada y sudores de la muerte cada vez que me subía a la moto.

La edad ya no perdona, rozaba los cuarenta cuando la cambié a los pelos por una Burgman 150. Sí, un secador de pelo, un patinete con asiento, todos los despropósitos con los que me refería en tiempos pretéritos a las scooters se volvieron en mi contra.

Lista para los recados
Pero ya era un señor mayor, casado, y buscaba en el vehículo que fuera cómodo y práctico. Esta ya no me llevó de rutas ni viajes, pero sí a realizar cursos, hacer los mandaos, y algún paseillo esporádico de domingo por la mañana con vuelta antes de comer.

Dejé de ser el macarra en custom para ser el burgués de escúter. Comenzaron los fallos, los achaques, los parches que mantenían la salud durante apenas unos meses... y además la moto fallaba. Finalmente la dejé en el taller para siempre. Adiós, cordera.

Tres años después, poco más o menos, la vida volvió a dárseme la vuelta. Por primera vez necesitaba un vehículo para mí, para uso diario. El nuevo curro lo exigía y me vino a la mente, como es lógico, regresar a las dos ruedas.

Mi actitud con respecto a la moto había cambiado bastante. Algo sabía ya, por lo menos no caerme en parado y ponerle la patilla sin arrancarme las uñas de los pinreles. El uso lo tenía muy claro: ir y venir del curro. Ya está. ¿Que caía algún paseo o ruta? Bienvenida sea, pero no era su función primera. Cilindrada: 250 o superior. No mucho, tampoco hay que abusar. Tenía la oportunidad de hacerme con una SR Special 250. Una moto que si bien nunca había llevado era prácticamente igual que mi desvirgadora Marauder.

El uso, decía, lo tenía muy claro. Pero las páginas de segunda mano pusieron ante mis ojos, por unos euricos más, modelos de 500 y 600 que me harían ir sobrado de más a cualquier sitio.

Fue así como me topé con la GS500. Siempre me ha gustado esa moto, es la típica que dibujaría un infante: faro redondo, recta, asiento largo y poco más. Me lo pensé algo, no mucho, y me decidí por ella.
Cosa más bonica, leches

Pura coincidencia de las tres que he tenido hayan sido Suzuki, "Mizuki" ya, por eso de la confianza.

¿Cuanto me durará esta? Espero que como mínimo otros 50.000 km. De momento. El uso sigue siendo ir y venir del curro, pero ya me empieza a picar el gusanico de los paseos largos en grupo.

Casi no recuerdo cómo se llevaba un cacharro de estos, menos aún con ese nervio y esa postura que bien podría asemejarse a una partida de billar. De momento disfruto haciéndole foticos. Con suerte me hago influencer y los de Suzuki (Mizuki) tienen a bien mandarme un casco integral y unos guantes para el invierno.

Cagaico por dentro
Tras catorce años desde aquel lejano 2005 vuelvo a montar en moto y a lucir, orgulloso, mi camiseta de Marauderos. Porque los giros de la vida, amén de volver a montarme en una moto, han decidido rebajarme un par de tallas para entrar en aquellas camisetas de la década pasada.

Ya compartiremos algunas V's por secundarias.

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